martes, 31 de octubre de 2017

A. Copland: Suite "Appalachian Spring"


Al igual como sucedió con gran parte de su obra propiamente "americana", Aaron Copland comenzó a trabajar en Appalachian Spring durante los años de la Segunda Guerra. Comisionada a principios de 1943 por la bailarina y coreógrafa Martha Graham, la obra fue concebida originalmente como música para ballet, que debía contener "un tema americano" y aspirar a convertirse en una "leyenda de la vida estadounidense". Pero, al menos en cuanto a título, Copland no aspiró a nada y la llamó simplemente "Ballet para Martha". El título con que hoy conocemos la obra nacerá más tarde, incluso con posterioridad al estreno del ballet en octubre de 1944 en la Biblioteca del Congreso de los EEUU.


Copland tomará el título definitivo de un poema del autor americano Hart Crane que comienza con las palabras "O Appalachian Spring! I gained the ledge" que, conforme al espíritu del poema, debiéramos traducir por "Oh, manantial de Los Apalaches, he conquistado la cornisa!" pues spring no siempre significa primavera sino también manantial fuente. Sin embargo, lo que encantó a Copland fue su sentido primario, el de la floreciente estación del año, y con esa consideración en mente tituló la obra: eran tiempos de guerra pero el final del horror se acercaba y había que celebrar la primavera, el nacimiento de la esperanza.

Y precisamente en la primavera, de 1945, a partir de la música del ballet, Copland construyó una suite para orquesta completa, que ganó el Premio Pulitzer de ese año en música. Le siguieron diversas reescrituras pero fue la versión de aquel año la que, más allá de superar en conocimiento popular al ballet mismo, terminó por convertirse en la versión que hoy se escucha en los escenarios del mundo.

Suite para orquesta Appalachian Spring
Está estructurada en ocho secciones continuas. Abre con una introducción que nace lentamente, luego las cuerdas al unísono irrumpirán en un vivaz allegro. Tras ello comenzará la "narrativa" de la obra, que describe a una pareja de pioneros del siglo diecinueve que busca asentarse en Pennsylvania. Las "escenas" incluyen el levantamiento de una casa, un sermón religioso, una alegre fiesta, para finalizar con un momento de esperanzadora reflexión, de la pareja de pioneros, solos, en su nueva casa.

La versión es de la agrupación belga Symfonieorkest Vlaanderen dirigida por el conductor japonés Seykio Kim.


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miércoles, 18 de octubre de 2017

Henri Dutilleux: Concierto para violín


El autor francés contemporáneo Henri Dutilleux no se cansó de decir en todos los tonos (nunca mejor utilizada la expresión, puesto que era músico) que no escribía "música programática". Sin embargo, escasas son sus obras que no contengan un título evocativo. Por cierto, no es la excepción el Concierto para violín y orquesta, que lleva por título L'arbre des songes (El árbol de los sueños). En palabras del mismo Dutilleux: "En términos generales, la pieza va creciendo como un árbol, porque el constante renacer y multiplicación de sus derivaciones imita, líricamente, aquello que es la esencia de un árbol".


Al finalizar la Segunda Guerra, Dutilleux accedió a un puesto como productor de la ORTF (la radio-difusión pública francesa). Y allí se quedó durante veinte años, hasta mediados de los sesenta. Su tarea: la radiodifusión de obras de connotados dramaturgos de mediados del siglo veinte; también, la promoción de compositores modernos de vanguardia, como el francés Pierre Schaeffer, creador de la "música concreta". Pero para el mismo Dutilleux no había cupo. Así lo quiso él, obedeciendo a un alto sentido de la autocrítica y consciente asimismo de la breve extensión de su obra.

Henri Dutilleux (1916 - 2013)
El reconocimiento vino en 1951, con su Primera Sinfonía. De ahí en adelante, le llovieron a Dutilleux las comisiones, las obras a pedido, contándose a Mstislav Rostropovich, Anne-Sophie Mutter, Renée Fleming entre los comisionarios, amén de las solicitudes de agrupaciones orquestales como The Julliard String Quartet o la Boston Symphony Orchestra.
Isaac Stern, el destacado violinista ruso nacionalizado estadounidense, es otro de los solicitantes, entre los intérpretes solistas. Para él está compuesto L'arbre des songes, y a él está dedicado.

L'arbre des songes - Concierto para violín y orquesta
Compuesta entre 1979-85, y estrenada el 5 de noviembre de 1985, la obra está estructurada en el novedoso estilo que Dutilleux acostumbró, con varias secciones "separadas" por interludios, o paréntesis , con lo que el fluir de la música nunca se interrumpe durante la ejecución. El autor sostenía que la manera tradicional de movimientos separados, cada uno con inicio, fin y la consiguiente pausa, rompían el hechizo, el encantamiento de la música.

Con duración aproximada de 25 minutos, sus secciones son cuatro, "separadas" por tres interludios, cada uno con su propio carácter y estilo:
I     Librement  /  Interlude 1
II   Vif   /  Interlude 2
III  Lent  /  Interlude 3
IV  Large et animé

La versión es del violinista francés Renaud Capuçon, acompañado por la Orchestre National du Capitole de Toulouse conducida por el director ruso Tugan Sokhiev. Al final, el artista nos brinda un encore, que hasta el momento, no he podido reconocer.


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miércoles, 11 de octubre de 2017

Franz Liszt: Concierto para piano No 2


Tal como aconteció con el primer concierto, la escritura inicial, las necesarias revisiones, y la versión final del Concierto para piano No 2 le tomaron a Liszt un buen tiempo. Casi veinticinco años. Comenzó a trabajar en él en 1839 y dio por terminada una primera versión (digamos, un primer borrador que lo dejaba satisfecho) en 1857, es decir, dieciocho años después. Tras las obligadas revisiones, lo consideró finalmente terminado en 1861, pero su publicación se dilatará hasta 1863.

Liszt, en 1866.
Grabado a partir de una fotografía.
Si hablamos de dinamismo o soltura para la composición concertante, la distancia con sus antecesores, digamos los "clásicos", es holgada. Y si la comparación se hace con Mozart, resulta gigantesca: recordemos que el genio de Salzburgo en sus años vieneses llegó a componer dos conciertos al mes (en febrero y marzo de 1785, ni más ni menos que los Conciertos Nos 20 y 21). Las circunstancias de vida, desde luego, son muy distintas. Mozart componía con el ojo puesto en sus conciertos por suscripción, un ingreso vital. Liszt, en cambio, llegaba a fin de mes muerto de la risa.

Precisamente en 1839 Franz Liszt dio comienzo a una carrera de virtuoso del piano que no tiene paralelo en la historia de las presentaciones artísticas del siglo XIX. Entre 1839 y 1847 sus giras como "concertista" (recordemos que es el inventor del "recital", el primer pianista en presentarse solo en el escenario) le llevaron a –tomemos aliento– España, Portugal, Francia, Alemania, Austria, Inglaterra, Irlanda, Rumania, Turquía y Rusia.

En 1849, sin embargo, su nueva pareja, Carolyne de Sayn Wittgenstein, sugirió el abandono definitivo de los escenarios y la dedicación exclusiva a la composición. Así, el concierto que había ofrecido en Rusia en septiembre de 1847 se convirtió en su último concierto pago. De ahí en adelante, el maestro de 36 años tocó el piano a beneficio dando a conocer las composiciones de sus colegas menos reconocidos. También, se dio tiempo para trabajar en las obras que había imaginado hacía diez años.

Concierto para piano y orquesta No 2, en La mayor
El concierto está dedicado a Hans von Bronsart, alumno de Liszt, quien lo estrenó en Weimar el 7 de enero de 1857. Al igual que el primer concierto, la obra está construida sobre un solo movimiento, conformado por numerosas secciones, todas ellas derivadas de la misma melodía inicial al punto que un destacado musicólogo se ha permitido renombrar la obra como "Vida y andanzas de una melodía".
Algo irrespetuoso quizá, pero no tan alejado de la realidad porque a través de los veinte y pico minutos que dura la obra, la melodía inicial va y viene, experimentando variaciones, transformaciones y giros diversos. Amplísimos glissandos que abarcan el teclado completo anuncian un gran finale de características espectaculares.

La versión es de la pianista georgiana Khatia Buniatishvili, acompañada de L'Orchestre de Paris, conducida por el director ruso Andrey Boreyko.


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domingo, 8 de octubre de 2017

John C. Adams: Fanfarria "Short Ride in a Fast Machine"



Para dar nombre a una obra musical, el título es inusual, sin duda. Y traducido al español quizá sea más extraño todavía. Muy burda y literalmente, podría traducirse como: "Corta cabalgada en una máquina rápida". ¿Qué significa exactamente eso? La interrogante ya se planteó antes. Cuando a su autor, el compositor estadounidense John Adams, se le preguntó por la razón de tan inusitado título para esta exultante fanfarria atiborrada de ritmo, no abundó en reflexiones y respondió sencillamente con otra pregunta: ¿Tú sabes lo que pasa cuando alguien te invita a correr en un magnífico auto deportivo y luego te arrepientes? No hay mejor respuesta, al parecer.

John Coolidge Adams (n. 1947)
John Coolidge Adams, nacido en Massachusetts en 1947, es el autor de la célebre y controvertida ópera Nixon en China, de 1987, con la que llevó la historia contemporánea a la ópera abriendo con ello un nuevo género. En la misma línea, el drama musical postmoderno, el autor ha incursionado en contenidos tales como la vida y obra del inventor de la bomba atómica o los ataques terroristas de los últimos veinte años. Inicialmente un compositor minimalista, el autor también ha abordado la música de cámara, orquestal y concertante. Hoy, todavía activo, Adams sigue siendo demandado y comisionado por las más importantes agrupaciones orquestales como proveedor de material sinfónico.

Short Ride in a Fast Machine es una de las dos fanfarrias para orquesta comisionadas al autor por la Orquesta Sinfónica de Pittsburg en 1986. Desde luego, es una obra exuberante, brillantemente escrita para gran orquesta, y de energía polirrítmica sin límites. Junto a las tradicionales secciones de cuerdas, vientos y maderas, la obra contempla la participación de sintetizadores. Y a los ineludibles timbales se suman triángulos, caja china, xilófono, crótalos, campanas, platillos, caja, bombo, tantan y pandereta. Un festival de percusión. Si en nuestros días, se quiere "abrir", provocativamente, un programa de música contemporánea, nada mejor que iniciar el espectáculo con estos cuatro minutos de "rápida cabalgada".

La versión es de la BBC Symphony Orchestra, conducida por la directora y violinista estadounidense, Marin Alsop.


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jueves, 5 de octubre de 2017

Mozart: Concierto No 26, "Coronación"


Con ocasión de la coronación de Leopold II como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Mozart visitó Frankfurt en octubre de 1790. Hacía más de un año había completado un concierto para piano cuyas oportunidades de darlo a conocer escasearon. Atrás había quedado la época en que componía seis o siete conciertos al año para presentarlos a un público que los esperaba ávido. Su popularidad había declinado en una Viena de gustos fluctuantes. En sus últimos cinco años de vida compuso solo dos, el penúltimo de ellos aquel que presentó en Frankfurt el 15 de octubre de 1790 como parte de las festividades que saludaron la coronación de Leopold. Así se ganó su apodo el Concierto No 26 en Re mayor.


El concierto se presume bosquejado más de dos años atrás, en la primavera de 1787, luego de que Mozart regresó a Viena tras presenciar en directo el éxito de Le Nozze di Figaro en Praga. Había que organizar la nueva temporada, con los ojos puestos en el tiempo de Cuaresma. La ópera, la música por excelencia en aquella época, estaba prohibida en Viena para la Cuaresma, de modo que era esa la oportunidad (que como se sabe, se extiende por cuarenta días) en que sus conciertos por suscripción debían presentarse para optimizar los resultados.

En carta a Michael Puchberg, su habitual auxilio financiero y compañero masón, Mozart le asegura estar pronto a saldar la última deuda porque está trabajando intensamente en un nuevo concierto (aprovecha también de solicitar un nuevo préstamo). Pero no alcanzó a terminar el Concierto para la Cuaresma de ese año. El concierto fue completado en febrero del año siguiente, según se aprecia en el catálogo privado de Mozart, al que fue incorporado el 24 de febrero de 1788.

Concierto para piano No 26, en Re mayor, K 537, "Coronación"
Lo conforman tres movimientos: un allegro brillante y festivo; un movimiento lento, más amable que lírico; y un allegretto sin drama, casi humorístico. Su belleza sencilla lo ha erigido en uno de los conciertos de Mozart más interpretados en los escenarios del mundo.

Movimientos:
00:00  Allegro
14:30  Larghetto
20:32  Allegretto

La versión es de la pianista japonesa Aimi Kobayashi, de tan solo once años para la oportunidad: su debut orquestal, en Moscú, diciembre de 2006. La acompaña la orquesta The Moscow Virtuosi dirigida por el maestro ruso, violinista y director, Vladimir Spivakov.


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martes, 3 de octubre de 2017

Bach: Concierto para violín en Mi mayor



Los seis años que Bach se desempeñó como maestro de capilla del príncipe Leopold en la pequeña corte de Anhalt-Köthen, de 1717 a 1723 (Bach disfruta de sus treintitantos), fueron altamente productivos. Además de un buen número de sonatas para violín, violoncello y flauta, así como otras tantas suites e invenciones para teclado, a esa época pertenecen el primer cuaderno de El Clave bien Temperado, y ni más ni menos que los seis Conciertos de Brandeburgo. En música para violín y orquesta, se inscriben tres obras geniales: el popular Concierto para dos violines y los Conciertos en La mayor y Mi mayor.

Circunstancias sencillas se dieron a un tiempo para que se produjera tan alta producción. El príncipe Leopold era un franco apasionado de la música que no podía satisfacer su apetito exclusivamente con los salmos de iglesia impuestos por la reforma calvinista. De modo que dispuso albergar en su modesta corte una agrupación instrumental de primer orden. Diecisiete músicos estuvieron a disposición de Bach durante aquellos años, y con ellos en mente pudo el maestro componer prácticamente a su antojo. Generosamente retribuido por el príncipe, Bach se contó entre los miembros mejor pagados de la servidumbre. Por si todo esto fuera poco, allí en la corte conoció a una talentosa soprano, Anna Magdalena.

Concierto para violín, cuerdas y continuo en Mi mayor, BWV 1042
El maestro, en toda su vida, jamás salió de Alemania. Pero mientras permaneció en Weimar, previo a su paso por Köthen, realizó una gira mental por Italia copiando hasta altas horas de la noche música de los maestros barrocos italianos, Vivaldi en primer término. De ahí que un espíritu vivaldiano recorra la obra de principio a fin. Y, naturalmente, sus movimientos son tres, en la tradicional secuencia vivaldiana de rápido-lento-rápido. (Anotemos también, que a raíz del advenimiento del forte-piano, alrededor de 1740 Bach realizará una transcripción para teclado, el Concierto en Re mayor, BWV 1054)

Movimientos:
00:00  Allegro.  Abre con tres secos acordes construidos sobre la triada de Mi mayor, que constituirá el germen del tema principal.
08:11  Adagio.  Un aria instrumental de extraordinaria belleza.
14:00  Allegro assai.  Exuberante, y de final virtuoso.

La versión es del violinista ruso Ilya Kaler acompañado de la Camerata OSG, formada por los primeros atriles de la Orquesta Sinfónica de Galicia, conducida por el director y compositor ruso de nacionalidad austriaca, Wladimir Rosinskij.
La obra dura diecisiete minutos. Como encore, Ilya Kaler nos brinda la gavota de la Partita para violín No 3.


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sábado, 30 de septiembre de 2017

Borodin: Nocturno del Cuarteto No 2


A diferencia del largo tiempo invertido en la mayor parte de sus obras de envergadura, el Cuarteto para cuerdas No 2 en Re mayor de Alexander Borodin fue compuesto durante unas cortas vacaciones de verano en agosto de 1881. Borodin, doctor en química y cellista, había conocido a la pianista Ekaterina Protopopova hacía veinte años, durante una pasantía en Heidelberg como científico. Casados en 1883, quiso rendir homenaje al hallazgo de su amor de dos décadas con el cuarteto que se iba a convertir en el más importante de los únicos dos que compuso para el género.

Alexander Borodin (1833 - 1887)
Breve es la música de cámara que escribió Borodin. Reducida también es la lista completa de su corpus. Hijo ilegítimo de un príncipe ruso, el autor de las populares Danzas Polovtsianas accedió a una educación privilegiada que le permitió desempeñarse gran parte de su vida como profesor de química en las academias de medicina en San Petersburgo. De modo que la música fue siempre su vocación secundaria, lo que no le impidió formar parte del célebre Grupo de los Cinco, músicos nacionalistas rusos que, dicho sea de paso, no veían con buenos ojos la música de cámara.

Cuarteto para cuerdas No 2 - Nocturno
La obra completa dura cerca de media hora. Estructurada a la manera tradicional para el típico cuarteto de cuerda (dos violines, viola y cello), sus cuatro movimientos (scherzo y andante ceñidos por dos ágiles secciones externas) rebosan de calidez y dicha, reflejo de que es ésta la obra de un ser enamorado al que nada hace falta, y donde, al parecer, el cello canta por Alexander y el primer violín por Ekaterina.
Su tercer movimiento, en tempo andante y titulado Nocturno, es el que ha hecho popular al cuarteto y cautivado a un amplio público. Numerosas versiones proliferan en los más diversos círculos de arte; en 2006, un cortometraje de animación de los Estudios Disney hizo uso íntegro del célebre andante.

Se presenta aquí en versión de músicos pertenecientes a la Chamber Music Society del Lincoln Center de Nueva York.


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viernes, 29 de septiembre de 2017

Mozart: Concierto para arpa y flauta


Mozart nunca profesó una especial predilección por el arpa como instrumento concertante pero cuando en 1778 visitó París en compañía de su madre, Maria Anna, decidió aceptar como alumna de música a una chica arpista, cuyo padre, un duque que tocaba la flauta, comisionó a Mozart la composición del único concierto para arpa y flauta que haya salido del magín del genio salzburgués. Mozart no enloqueció con el encargo pero cumplió con él debidamente. No así el duque flautista quien no le pagó a Mozart el concierto y de las clases de la niña saldó la mitad.

 

Fue una de las tantas desventuras a las que se enfrentaron Wolfgang y su madre durante esta desafortunada gira sobre la que cayó la sombra definitiva cuando Maria Anna, en julio de aquel año, falleció en una ingrata habitación de París. Ambos, madre e hijo, venían de una prolongada estancia en Mannheim donde Mozart había sido saludado como el genio que era, pero cuyo anhelo de acceder a un puesto en la corte resultó, como de costumbre, insatisfecho. Falsamente ilusionado, también, se despidió de Aloysia Weber, de quien se había enamorado, pero esa es otra historia.

Concierto para arpa y flauta en Do mayor, K 299
La combinación de ambos instrumentos no es fácil, pero Mozart lo hizo, y construyó con ellos una obra estilísticamente perfecta, saludada hoy por los más amplios públicos. Arpistas y flautistas de todo el mundo también lo agradecen, pues las oportunidades de presentarse en escena como solistas, al menos para el arpa, no abundan. La obra, destinada al salón, solo requiere de unos cuantos vientos madera y el estándar grupo de cuerdas.

Movimientos: 
Con duración aproximada de poco menos de treinta minutos, la obra se estructura en los tres movimientos habituales para un concierto de la época, siguiendo el estilo vivaldiano de secciones rápido-lento-rápido:
00:00  Allegro
10:50  Andantino
20:11  Rondeau. Allegro

La versión es de los artistas franceses Patrick Gallois (flauta) y Fabrice Pierre (arpa), acompañados de la orquesta suiza con base en Lugano, RTSI (Radio Televisione Svizzera Italiana), conducida por el director británico Sir Neville Marriner, hoy fallecido e ilustre fundador de la celebérrima agrupación orquestal londinense Academy or Saint Martin in the Fields.


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miércoles, 27 de septiembre de 2017

Prokofiev: Sinfonía No 1 "Clásica"


En las primeras décadas del siglo veinte, Sergei Prokofiev era ya reconocido como una figura prominente de la música rusa de vanguardia de la época. Sin embargo, para la composición de su Primera Sinfonía eligió adscribir a los moldes clásicos. Más aún, fue el mismo compositor y no algún perpicaz editor quien subtituló la obra con el apodo de "Clásica". Hay quienes dicen que con ello el autor anunciaba, humorísticamente, que la obra llegaría a ser algún día ni más ni menos que un "clásico". Otros, aseguran que con el subtítulo Prokofiev solo quería mofarse de los críticos de la época, pues de seguro los tendría intrigados un buen rato.


La época de su composición, 1916-17, encuentra a Prokofiev, de veintitantos, en la Rusia pre-soviética, aunque abandonará San Petersburgo pronto, seis meses después de la revolución bolchevique, con destino a los Estados Unidos. Su compatriota Sergei Rachmaninof ya había partido en la misma dirección y todo parecía indicar que las cosas andaban de maravillas por allá. De maravillas, y algo más, se comportó la vida con Rachmaninof, no así con Prokofiev. El autor regresó a Europa en 1922, y once años después se atrevió a dar el salto a la Rusia estalinista, en compañía de su esposa e hijos. Logró apañárselas (su esposa no tanto, pero esa es otra historia), y allí murió, en Moscú, como artista de la Revolución, en 1953, el mismo día que Stalin.

Sinfonía No 1 opus 25, en Re mayor, "Clásica"
Cualquiera hubiese sido el propósito de Prokofiev, el apodo de "clásica" no le viene nada de mal, aunque esto no debe entenderse en la línea "neoclásica" adoptada en su momento por Stravinski y otros compositores contemporáneos. Más bien, con su sencilla elegancia la obra evoca sin tapujos el espíritu del más puro clasicismo vienés de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, aunque no faltan en ella los sorprendentes saltos tonales y una que otra inesperada disonancia.

Movimientos:
Con todo, desde el punto de vista formal, nada más clásico que su estructura en los cuatro movimientos habituales: rápidos el primero y el último, un segundo movimiento lento y una mozartiana gavotta en el tercero.
Con duración aproximada de catorce minutos, son sus movimientos:
00:00  Allegro con brio
05:23  Larghetto
08.47  Gavotta - non troppo allegro
10:27  Finale - molto vivace

La versión es de la agrupación sinfónica Mariinsky Theatre Orchestra, conducida por el director ruso Valery Gergiev, reconocido gran intérprete de Prokofiev.



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lunes, 11 de septiembre de 2017

Schumann: Romanza opus 28 No 2


Las Tres Romanzas del opus 28 de Robert Schumann fueron escritas en 1839 con la intención de conformar una obra que debía ser interpretada en conjunto. Pero ayer y hoy, hubo una pieza que se ganó el favor del público, la No 2, que los pianistas acostumbran presentar hoy como pieza independiente.
El Opus fue dedicado a un tal Graf Heinrich II Reuss-Köstritz, un completo desconocido hoy. No lo habrá sido tanto para Clara Wieck (futura Clara Schumann) porque, encantada con el lirismo que derramaba la segunda pieza, no quedó muy contenta con que le fuera dedicada al hoy ignoto noble Graf Heinrich y no a ella. Y así se lo hizo saber a Schumann:

"…siendo yo tu novia, debes obligadamente dedicarme algo más, aunque no conozco nada más tierno que estas tres romanzas, en particular la del medio, un hermoso dueto de amor". Sí, Robert no las dedicó a Clara pero en cambio se las envió como regalo de Navidad, en 1839, y así las conoció Clara, casi "de oídas". Sabemos que Clara ya era por aquella época una extraordinaria pianista que pasaba la mitad del año en gira por Europa. Robert entendió que las tres piezas no eran dignas de una artista de tal categoría.

Quizá las Tres Romanzas no estaban a la altura de Clara pero ello no fue obstáculo para que Robert las tuviera en gran estima. Con el paso del tiempo, la Romanza "del medio" se constituyó en una de sus obras breves más populares. De más está decir que Clara contribuyó a ello significativamente, dando a conocer las Tres Romanzas a públicos de media Europa. Así se ganaron un lugar seguro en el repertorio pianístico, junto a las obras anteriores de Schumann de mayor envergadura, digamos Carnaval (1835) o Kreisleriana (1838).

Romanza No 2 del Opus 28
Es una pieza relativamente breve. Con sus 34 compases, repeticiones incluidas, no sobrepasa los cuatro minutos de duración en las versiones estándar. Su métrica ternaria de 6/8 (seis corcheas por compás) le imprime a placer el sabor de una barcarola cuyo bello lirismo se desvanece al final en síncopas que mueren, piano y pianissimo.

La versión es de la pianista suiza Luisa Splett, parte de cuyos estudios los realizó, curiosamente, al sur del mundo, en Santiago de Chile.


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martes, 5 de septiembre de 2017

Mozart: Sonata en Do menor, K 457


En un arranque de compostura y equilibrio, a principios de 1784 Wolfgang Amadeus Mozart inició un minucioso registro de sus obras. Gracias a ello, sabemos hoy que la Sonata No 14 en Do menor fue terminada el 14 de octubre de ese año. Al menos, con esa fecha ingresó a su catálogo privado. Seis meses después, Mozart incorporó a este registro una nueva obra para piano, la Fantasia en Do menor. Ambas piezas fueron entregadas en 1785 a su editor en Viena, la casa editora Artaria, para ser publicadas en conjunto como Opus 11, con el título "Fantasie et Sonate pour le Forte-Piano", y dedicado el opus a Therese von Trattner.


Por razones que nunca se han dilucidado del todo, mientras los Mozart vivieron en Viena se mudaron en numerosas oportunidades. Los años 1784-85 los encontramos alquilando una casa propiedad de Johann von Trattner, librero y editor vienés que había construido un pequeño imperio al interior del otro imperio gracias a un privilegio otorgado por Maria Teresa que le confería la exclusividad para imprimir todos los libros de texto que las escuelas de Austria y sus alrededores requerían.

Von Trattner era, pues, un impetuoso y acaudalado empresario, un prominente miembro de la naciente burguesía que para disfrute y solaz de la familia podía adquirir sin titubear un moderno forte-piano... Un costoso Stein, por ejemplo, el piano preferido de Mozart al que sin embargo jamás accedió. A menos que el piano de la familia Trattner haya sido precisamente un Stein. Sí, porque como correspondía a sus intereses y condición social, Therese, la mujer de Trattner, se convirtió en alumna de Mozart. Y a ella está dedicada la sonata, y la fantasía, claro está, para dar más vuelo a la ofrenda.

La sonata en Do menor es la última de las cinco sonatas agrupadas en un periodo "sonatístico" que va desde 1782 (Mozart recién instalado en Viena) hasta 1784, producción que no tenía otro objetivo que componer para la propia satisfacción o para la práctica de sus alumnos, consciente Mozart de que la forma sonata era la más completa de las formas musicales "hogareñas", la traza de piezas destinadas al regocijo y solaz de las familias, en un plano íntimo. Therese von Trattner, suponemos, no habrá desentonado.

Sonata No. 14 en Do menor, K. 457
El mismísino Ludwig von Köchel, compilador de la obra de Mozart de mediados del siglo XIX, catalogó la obra como la sonata para piano más importante de las veintidós compuestas por el genio de Salzburgo para piano solo. Con alrededor de quince minutos de extensión, exhibe una pasión e intensidad poco habituales en Mozart (hablamos de sus sonatas), prefigurando lo que el género llegará a ser más tarde en las manos del genio subsiguiente, Beethoven. Es más, en el noble y sufriente adagio cantabile no resulta difícil oír "anticipos" del adagio de la Sonata Patética, que verá la luz quince años más tarde.

Movimientos
Como todos los conciertos para piano de Mozart, está estructurado en tres movimientos siguiendo el esquema clásico: rápido-lento-rápido.
00:00   Allegro
05:13  Adagio cantabile
11:35  Allegro assai

La versión es del notable y excéntrico pianista austriaco Friedrich Gulda, muerto por segunda vez en Viena en 2000. Sí, pues hacía un año, el día anterior a un concierto, el artista que jamás se vistió de gala para presentarse en público anunció su muerte de mentirijillas con el solo fin de contemplar el desconcierto del público cuando lo viera aparecer en escena, ese día.


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jueves, 31 de agosto de 2017

Chopin: Variaciones Brillantes opus 12


Hasta donde sabemos, a Chopin jamás se le ocurrió componer una ópera. Pero era un gran aficionado a ella. Durante sus primeros años en París, pasó innumerables veladas en la Opéra. Allí escuchó a Rossini, Meyerbeer, y Ferdinand Hérold, este último un autor menor que sin embargo dejará una huella en el compositor polaco. Las fiorituras y "gorgoritos" (son sus palabras) de sopranos, mezzos, tenores y bajos de la época, conquistaron su admiración entusiasta al punto que, comentando su solaz con la ópera parisina, llegó a escribir: "...¡En una palabra, solo aquí se puede saber lo que es el canto!".

En mayo de 1833, asistió a la Opéra Comique para una representación de "Ludovico", la última de numerosas óperas cómicas escritas por el mentado Hérold. La obra no obtuvo el reconocimiento del público, ni entonces ni ahora. Pero sí ganó notoriedad, durante algún tiempo, una de sus arias, la cavatina que comienza con las palabras Je vend des scapulaires ("Vendo escapularios"). La tonadilla, simple y sencilla como pocas, llamó, no obstante, la atención de Chopin.

Ese mismo año el genio polaco había publicado el Concierto en mi menor, terminado los tres Nocturnos del opus 9 y terminado y publicado los doce Estudios del Opus 10. ¿Por qué afanarse en elaborar para el piano una tonadilla tomada de una obra menor?

Recordemos que por esos años las clases medias habían decidido que también querían escuchar música. Los gustos parisienses eran variopintos, y los conciertos públicos debieron reflejarlos: a la tradicional entrega de un par de sinfonías o conciertos (o parte de ellos, más bien) y la presentación de uno o más cantantes en medio de allegros scherzos, se sumaron los pianistas compositores que entre arias y cavatinas engalaban la función con sus variaciones o fantasías sobre trozos operísticos populares. Es lo que hacían un Liszt, un Thalberg, o Kalkbrenner. Chopin, un recién llegado, debía ponerse a la moda.

Así, gracias al músico polaco, el nombre de Ferdinand Hérold se salvó de caer completamente en el olvido. Chopin tomó la cavatina como tema y sobre éste dibujó sus Variaciones Brillantes op 12, cuyo título original es algo más extenso.

Variaciones brillantes sobre "Vendo escapularios" de la ópera "Ludovico" de LJF Hérold, opus 12
Las Variaciones, en Si bemol mayor, exhiben la forma al uso: introducción, tema y, en este caso, cuatro variaciones. Su calificación de brillantes obedece, una vez más, al gusto parisino, la afición por un estilo "brillante" (y las Variaciones lo son, sin duda). La obra fue publicada algo más tarde, en 1837, quizá con la cavatina ya olvidada y Chopin, sin proponérselo, encargado de su rescate.

Muy breve, con extensión aproximada de 8 a 9 minutos, son sus secciones (sin interrupción):
00:00  Introducción: Allegro maestoso
01:30  Tema - Allegro moderato
03:19  Scherzo
04:11  Lento
06:09  Scherzo vivace

La versión es de la pianista nacida en Hong-Kong, Tiffany Poon.



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martes, 29 de agosto de 2017

Henri Dutilleux: Sonata para piano


No obstante haber vivido una larga existencia que lo llevó a cruzar por entero casi todo el siglo veinte, al compositor francés Henri Dutilleux no le alcanzó el tiempo para producir una obra extensa y numerosa. Integran su catálogo no más de treinta composiciones, pero una parte sustancial de ellas es considerada hoy como un ramillete de obras maestras de la literatura musical de Occidente, herederas escrupulosas de la tradición francesa representada por Debussy y Ravel. Un alto grado de autoexigencia del creador indujo la publicación de tan mezquino corpus junto a su irrenunciable inclinación por la calidad antes que la cantidad. El inicio de la Segunda Guerra también hizo lo suyo.

Henri Dutilleux ingresó al Conservatorio de París en 1933. Cinco años después, luego de tres intentos, alcanzó el primer premio del cotizado Grand Prix de Rome que comportaba una estadía de cuatro años en la Villa Médicis, en Roma. Pero el compositor solo alcanzó a estar allí cuatro meses. Regresó a París poco antes de que Francia entrara en guerra, debiendo servir a su país como camillero, hasta el Armisticio de 1940. Los años siguientes los malvivió en la ciudad ocupada, si bien accedió a algunos cargos en la Ópera de París y la Radio France, prosiguiendo su formación casi por cuenta propia, leyendo tratados de composición y enterándose de oídas de las vanguardias.

Henri Dutilleux (1916 - 2013)
Sonata para piano, opus 1 
En 1941 conoció a Genevieve Joy, compañera de curso en las clases del Conservatorio que en la Francia ocupada seguía funcionando en la medida de lo posible. Se casaron al final de la guerra. De ahí en adelante y por largo tiempo, Genevieve se convirtió en la intérprete y difusora de sus obras para piano, largamente de su única Sonata, compuesta entre los años 1948-49 y dedicada a Genevieve, como se habrá adivinado.
Fiel a su abrumadora exigencia con la obra propia, el autor catalogó la pieza como Opus 1, relegando así a un plano fantasma los trabajos anteriores, de menor extensión, surgidos en un periodo de diez años, porque consideró que la Sonata era la primera obra a la altura de sus estándares maduros.

Movimientos:
De enormes exigencias técnicas (Genevieve debe haber dado la talla, cómo no), la obra combina dos grandes ocupaciones del Dutilleux maduro: el rigor formal y la búsqueda armónica. De ahí la estructura tradicional de tres movimientos por un lado, y la sostenida ambigüedad tonal (más aún: a ratos tonal, y a ratos atonal) por el otro.

00:00  Allegro con moto: Comenzando abiertamente en ritmo de 2/2, a poco andar habrá cambios en la estructura rítmica (el "patrón de acentos"). La ambigüedad armónica ya aludida está también presente aquí desde los primeros compases dejando al auditor perplejo ante el inmediato paso de una tonalidad menor a una mayor y viceversa, dando con ello la sensación de que el intérprete no ha comenzado donde debía, o que este video en particular está mal editado. No hay tal. La pieza comienza así.
07:08  Lied: El más breve de los tres movimientos, escrito en forma ternaria (tema A, tema B, vuelta al tema A). También aquí hay muestras de ambigüedad tonal, aunque una tonalidad básica es en principio perceptible (Re bemol mayor).
14:24  Choral et variations: A un imponente coral (a cuatro voces según los estudiosos aunque yo con esfuerzo apenas si escucho tres) le siguen cuatro variaciones: Vivace 16:16 - Un poco più vivo 17:39 - Calmo 19:56 - Prestissimo 22.05. La obra finaliza con una recapitulación del coral de inicio, con variantes.

Algunos estudiosos han descrito la obra como "brillante, de múltiples capas con ecos de Bartók y Prokofiev". Otros aseguran que la pudo haber escrito Debussy: una sonata "sensual a la vez que clásica".

La versión, brillante, es de la pianista nacida en Luxemburgo en 1985, Cathy Krier, durante una performance en junio de 2007.



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sábado, 26 de agosto de 2017

C.M. von Weber: Concierto clarinete No 1


Especialmente reconocido como el fundador de la ópera romántica, el también virtuoso del piano Carl Maria von Weber cuenta asimismo con una importante obra instrumental en la que, más allá de sus dos Conciertos para piano, sobresale un grupo especial de obras escritas para instrumentos de viento, específicamente para fagot, trompa, y clarinete. Gran parte de esta particular devoción la dedicó a este último instrumento, el clarinete, escribiendo para él un Concertino, un Quinteto, un Dúo concertante (clarinete y  piano) y dos Conciertos en el lapso de cinco años, de 1811 a 1815, época en la que el autor disfrutaba de la segunda mitad de sus veintitantos.


De ese manojo de composiciones, tres fueron escritas en un solo año.
En 1810, fiel a su espíritu viajero, Weber salió de paseo, o de gira (según como se dieran las cosas) por varias ciudades alemanas. A comienzos de 1811 llegó a Munich. Allí, en la corte de Maximiliano I, rey de Baviera, trabó amistad con el clarinetista de la orquesta, Joseph Baermann, para quien compuso en un santiamén el Concertino ya señalado. Baermann quedó encantado, también el rey.

C.M. von Weber (1786 - 1826)
Maximiliano, un déspota ilustrado amante de la música y las artes (aliado de Napoleón para más señas) no dudó en sacarle partido a tan eficaz y vertiginoso compositor. De modo que cuando Weber se despidió de Maximiliano aquella provechosa tarde, cargaba sobre sus hombros el saludable compromiso de componer para Baermann, por encargo del rey, no uno, sino dos conciertos para clarinete.

¿Un trance complicado? Para nada. Entre abril y mayo de 1811 el autor compuso los dos conciertos al mismo tiempo y, según cuenta la leyenda, el primer movimiento del que sería catalogado como No 1 fue escrito y orquestado en un solo día.
Como es de suponer, ambas obras están dedicadas a Baermann. El Concierto No 1, señalado en el catálogo del compositor como J 114, fue estrenado el 13 de junio de 1811 en Munich, con Baermann como solista. Maximiliano, a quien suponemos presente, habrá sonreído satisfecho.

Concierto para clarinete y orquesta No 1 en Fa menor - Movimientos
De duración aproximada de poco más de veinte minutos, su estructura es la habitual: tres movimientos en secuencia rápido-lento-rápido.

00:00  Allegro: Los cellos presentan el tema principal; luego ataca la orquesta completa con un tufillo beethoveniano; a continuación toman la melodía los violines que se van aquietando para dar paso a la entrada del clarinete con un doliente tema, en 1:47.
09:40  Adagio ma non troppo: Muy expresivo, el clarinete entona una melodía intensamente lírica por sobre un comedido acompañamiento de cuerdas. La sección central incluye un novedoso diálogo entre el clarinete y un trío de trompas (13:01) mientras el resto de la orquesta permanece al margen.
17:33  Rondó - allegretto: Airoso y desenvuelto, con una suerte de "final falso". En 19:52 pareciera que tras alcanzar el clarinete su registro más alto, la conclusión hubiera llegado, pero no, luego de una pausa, el clarinete abordará un nuevo episodio, más introspectivo. Más tarde, ágiles semicorcheas conducirán al verdadero final, exultante.

La versión, excelente, es del instrumentista coreano Jerry Chae, acompañado de la reconocida orquesta coreana KBS Symphony Orchestra, conducida por Hee-chuhn Choi.


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jueves, 17 de agosto de 2017

J.C.F. Bach: Piano concierto en Mi mayor


Sabemos que Johann Sebastian Bach se casó dos veces. Primero con Maria Barbara, en 1707, y a la muerte de ésta, con Anna Magdalena, en 1721. Menos se comenta, o se olvida, que Johann Sebastian no solo fue el padre de la armonía sino también el padre de ni más ni menos que veinte hijos. Siete le dio Maria Barbara, y trece Anna Magdalena. De los veinte, solo diez llegaron a la vida adulta. De ellos, cuatro se convirtieron en grandes músicos. Cada madre contribuyó con igual número de compositores, dos: Maria Barbara, con Wilhelm Friedemann y Carl Philipp Emanuel; Anna Magdalena con Johann Christoph Friedrich y Johann Christian.


De estos cuatro grandes compositores, Johann Christoph Friedrich resulta ser hoy el menos nombrado de los hijos músicos de Bach. Sin embargo, su larga estadía en la corte de la pequeña ciudad de Bückeburg le valió una denominación similar a la de sus dos hermanos más célebres (Johann Christian, "el Bach de Londres", y Carl Philipp Emanuel, "el Bach de Hamburgo"). Nacido en Leipzig cuando su padre se desempeñaba como kantor de la Thomaskirche de esa ciudad, a los dieciocho años entró al servicio de un conde establecido en Bückeburg. Y allá se quedó toda su vida, para ser recordado hoy como "el Bach de Bückeburg".

JCF Bach (1732 - 1795)
En 1755, Johann Christoph Friedrich se casó. Tuvo un hijo músico y compositor, Wilhelm Friedrich Ernst Bach, quien casó dos veces, como su abuelo, pero solo tuvo un único hijo varón que murió en la infancia. Así, esa muerte temprana acabó para siempre con la estirpe de los Bach, la familia de músicos alemanes más importante y extensa de los siglos XVII y XVIII.

A diferencia de los caminos elegidos por sus tres hermanos músicos, Johann Christoph Friedrich fue quien se mantuvo más cercano al estilo de su padre. Es el más clásico, el más comedido, tal vez el más conservador de los hijos músicos del "viejo Bach". No por ello menos prolífico, escribió veinte sinfonías, un buen número de oratorios, piezas litúrgicas, motetes, conciertos y sonatas para teclado, aunque gran parte de todo ello desapareció con los bombardeos de Berlín durante la Segunda Guerra Mundial.

De sus conciertos para teclado, destaca en la preferencia de intérpretes y público el Concierto para piano y cuerdas en Mi mayor.
Son sus movimientos:
00:00  Allegro
08:45  Adagio
14:01  Allegro moderato

La versión es del pianista y compositor franco-chipriota Cyprien Katsaris, acompañado de la Orquesta de Cámara del Festival de Echternach, dirigia por el conductor sudcoreano Yoon K. Lee.


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domingo, 13 de agosto de 2017

Clementi: Sonata en Si bemol mayor


Muzio Clementi (1752 - 1832)
Los primeros días de enero de 1781 la corte de Viena se vistió de gala (es decir, más que de costumbre) para recibir al más renombrado pianista austriaco enfrentado al más renombrado pianista no austriaco de aquellos años.
Por invitación del emperador José II, amante de la música, coincidieron en sus salones el salzburgués Wolfgang Amadeus Mozart y el italiano Muzio Clementi, para deleitar a la noble concurrencia con sus improvisaciones y despliegue de técnica virtuosa, a fin de definir de una buena vez lo que a tan exquisita audiencia mantenía en vilo: cuál de los dos era el mejor pianista, de ese pequeño mundo.

Muzio Clementi, pianista, compositor, futuro editor y fabricante de pianos ya estaba establecido en Inglaterra, donde era toda una celebridad. Pero en el continente había sido escuchado poco. Cuatro años mayor que Mozart, aprovecharía la oportunidad para mostrar sus habilidades ante la corte del imperio más glamoroso de la época.

Según cuenta la tradición, la competición fue declarada empate. Aunque en su fuero interno José II se inclinó por la gracia y el touché de su connacional, según comentará más tarde a un afamado compositor. Ambos músicos interpretaron piezas propias, luego improvisaron sobre temas propuestos por la audiencia, y leyeron a primera vista partituras sobre las que se les solicitó elaborar variaciones. Al final, Clementi acompañó a Mozart en un segundo piano, y viceversa.

Esta información bastaría para dejarnos satisfechos pero hubo un testigo presencial que nos permite ir más allá. Giuseppe Antonio Bridi, amigo de Mozart, dejó una crónica de la velada. Por él sabemos que quien primero saltó al ruedo fue Clementi, improvisando un preludio. A continuación, interpretó una sonata, una sonata en Si bemol mayor que encantó a Mozart, a tal punto que diez años más tarde hará uso de su tema inicial en la obertura de La Flauta Mágica. Clementi, que esa noche quedó encantado de conocer a Mozart, no le perdonó nunca el escamoteo.

Sonata en Si bemol mayor, opus 24 No 2 (catalogada erróneamente como opus 47 en algunas ediciones)
Como es de suponer, las fechas de composición y publicación solo pueden estimarse. Sin embargo, debido a la apropiación indebida que Mozart hizo de ella en 1791 –tradición harto frecuente en la época– Clementi se vio obligado, cada vez que republicó la sonata, a agregar una nota señalando que había sido escrita "diez años antes" que la Flauta Mágica, es decir, en 1781, o un poco antes. Y respecto de la publicación, recientes estudios la sitúan también en ese año, y en Viena, lo que parece de lo más atinado si la pieza se había hecho "pública" en la corte de José II, hacía solo un par de meses.

Movimientos
Estructurada al tradicional estilo vivaldiano rápido-lento-rápido, la exquisita pieza forma parte de lo más correcto y esmerado del piano clásico, una joya.
00:00  Allegro con brio
04:18  Andante - quasi allegretto
08:35  Rondó - allegro assai

La versión, excelente, es de la pianista Zenan Kwan, originaria de Hong Kong. Resulta extraordinario escucharla recordando que Mozart asistió a la misma experiencia, hace más de doscientos años, aunque "en vivo", surgida de las manos del propio Clementi.


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jueves, 10 de agosto de 2017

Debussy: "Reverie", para piano


Claude Debussy, el compositor francés creador de atmósferas de ensueño en el piano, no se sintió para nada halagado cuando un editor parisino, sin su permiso, decidió publicar un viejo manuscrito que había encontrado por ahí, rezagado, entre otros escritos del compositor. Y le envió una nota: "Lamento mucho su decisión de publicarlo... Lo escribí hace mucho, en un apuro, con propósitos exclusivamente comerciales." Irritado, agregó: "Es una obra sin importancia y, francamente, no creo que tenga algún valor". El autor se equivocaba. A la par que el célebre Claro de Luna, la breve pieza para piano que tituló "Reverie" es hoy uno de sus trabajos más reconocidos, por todos los públicos.


Como el manuscrito rezagado se rezagó para siempre, la única certeza irrefutable, en cuanto a fechas, es la de su publicación, por el editor intrépido, en 1890. Pero se supone compuesta, con alguna seguridad, entre los años 1880 y 1884, es decir, cuando el autor rondaba sus tempranos veinte años. Por ello, Reverie debe ser considerada con toda propiedad un hito. Representaría la primera etapa conocida en la que Debussy hace uso de un lenguaje musical "impresionista". (Sus también célebres Deux Arabesquesque podrían competir por la marca se datan entre 1888-91). Así pues, el lenguaje que con los años se constituirá en el sello personal del autor, está presente, por primera vez, en Reverie.

Reverie, para piano, L. 68
El autor nunca asignó a sus obras número de opus. En 1977, el musicólogo francés François Lesure creó el primer catálogo de obras de Debussy (modificado en 2001). De ahí, la "L" identificadora.
La pieza se inicia con un acompañamiento arpegiado que se apoya en los tiempos débiles del compás. El canto melódico, por el contrario, se deja oír, muy aplicadamente, en los tiempos fuertes, generando así una sensación de inestabilidad que se mantendrá por varios compases, como si la pieza no lograra asentarse. La mano izquierda recorre ampliamente el teclado creando armonías ricas en "suspensiones" (segundas, séptimas, novenas) aumentando así la atmósfera de ensueño.

La pieza ha sido transportada a diversos instrumentos, arreglada de mil maneras, y utilizada hasta el hartazgo en publicidad de todo tipo. Tenía razón, Debussy, cuando dijo haberla compuesto con objetivos comerciales. Lo que no sabía era que el encantamiento iba a durar más de cien años.

La versión es de una excelente pianista alemana que sube sus propias grabaciones a Youtube, identificándose solo como "Strawberrypianist".



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sábado, 5 de agosto de 2017

Robert Schumann: Carnaval, opus 9


"Ninguna desaprobación podrá deprimirme y ningún elogio me hará perder la cabeza". Así finalizaba la carta con que Robert Schumann, de veinte años, solicitaba la tutoría a Friedrich Wieck, el profesor de piano más solicitado de Leipzig, en 1830. Al año siguiente estaba instalado en casa de Wieck, que tenía una hija, Clara, que tocaba el piano estupendamente a sus tiernos doce años. Muy pequeñita. Ernestine, en cambio, discípula asimismo de Wieck, ya frisaba los dieciséis y para el momento en que Robert y Ernestine von Fricken, natural de Asch, se miraron largamente a los ojos, contaba dieciocho. El entusiasmo no duró mucho, pero logró impulsar la creación de una de las obras más importantes en la historia del piano romántico.

Más precisamente, fueron las cuatro letras del pueblo natal de Ernestine en notación musical alemana (A, S, C, H) las que estimularon la imaginación de Schumann. Tales notas (la, mi bemol, do, si), en ese orden y en uno que otro conveniente reordenamiento, están presentes al inicio de gran parte de las 21 miniaturas que conforman la primera de sus grandes obras escritas para el piano, Carnaval, opus 9, de 1834-35, y que el autor subtituló, en francés, Scènes mignones sur quatre notes.

Un misterio romántico
El motivo de las cuatro notas ya había sido utilizado antes (en Papillon, alrededor de 1830) de modo que el autor, en esta oportunidad, reincide o, como apuntan algunos estudiosos, se apoya en la laboriosidad prodigada en un experimento anterior. Lo que nunca ha quedado claro para muchos es que en pleno romanticismo un compositor evoque a la amada mediante el nombre del pueblo que la vio nacer. Misterios de la sensibilidad artística del siglo XIX.

Los personajes
En su conjunto, la obra apunta a la representación musical de un elaborado e imaginativo baile de máscaras durante la época de carnaval, previo al periodo de cuaresma. Por ella desfilan variados personajes reales e imaginarios, que prestarán su nombre para titular las miniaturas. Están presentes, desde luego, los típicos e inconfundibles del teatro popular italiano de la comedia dell'arte: Arlequin, Pierrot, Pantaleón y Colombina. También el mismísimo Schumann representado por sus dos alter ego: el soñador Eusebio y el realista Florestan. Se suman un homenaje a Chopin y otro a Paganini. Por cierto, no podía faltar Ernestina ("Estrella"). Tampoco Clara Wieck (futura Clara Schumann), representada con arrebato, en "Chiarina".

La cofradía de David
La última sección, la más extensa, retrata simbólicamente a los miembros de la Davidsbünd (la cofradía de David), un colectivo de fantasía que Schumann se inventó para la revista de música que fundó por esos mismos años. El grupo, en la imaginación de Schumann, incluía a Florestan, Eusebio, Estrella, Chiarina, Chopin y Paganini. Aquí protagonizan un combate musical contra las almas conservadoras en música y las artes, los "filisteos" de su tiempo. Es, técnicamente, la sección más exigente de toda la obra, a la que, por cierto, da cierre con un final espectacular.

Dedicada al músico polaco Karol Lipinski, su gran demanda técnica e imaginativa dificultó en su tiempo su presentación regular en público. Hoy, por el contrario, este genial conjunto de variaciones sobre un núcleo reducido de cuatro notas es la pieza de Schumann más interpretada en los escenarios del mundo entero.

La versión, excelente, es de la notable pianista nacida en Hong Kong, Tiffany Poon.
[Sus secciones, a continuación del video]


Las 21 miniaturas
Sus 21 movimientos, partes, trozos, o secciones (como queráis llamarlos) son los que a continuación se anotan. Esta enumeración, sin embargo, escapa a la norma porque es necesario señalar que, integrada a la partitura, entre Replique y Papillons, dispuso Schumann una sección que tituló Sphinxes donde, en opinión de los estudiosos, el autor devela mediante tres grupos de "notas mudas" el misterio de las tres o cuatro notas sobre las que se organizó la obra completa. Por lo general, no se tocan, ni en público ni en grabaciones, aunque más de alguno se ha atrevido. La señorita Poon no lo hace.

00:00  Préambule – quasi maestoso
02:54  Pierrot – moderato
04:09  Arlequin – vivo
05:22  Valse noble – un poco maestoso
06:46  Eusebius – adagio
08:35  Florestan – passionato
09:38  Coquette – vivo
11:19  Réplique – l'intesso tempo
Sphinxes
Edición Breitkopf & Härtel, Leipzig, 1879, pág. 11

12:21  
Papillons – prestissimo
13:04  Lettres dansantes (A.S.C.H. - S.C.H.A.) – presto
13:51  Chiarina – passionato
14:48  Chopin – agitato
15:58  Estrella – con affetto
16:24  Reconnaissance – animato
18:07  Pantalon et Colombine – presto
19:08  Valse allemande – molto vivace
20:08  Paganini – Intermezzo - presto (repite el vals allemande)
21:26  Aveu – passionato
22:40  Promenade – con moto
25:06  Pause – vivo, precipitandosi (sí, precipitándose sobre la Marche)
25:23  Marche des "Davidsbundler" contre les Philistins – non allegro

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miércoles, 2 de agosto de 2017

Chopin: Sonata para piano No 3


Se dice a menudo que Chopin fue esencialmente un compositor de miniaturas. Y ello es cierto si con el calificativo se apunta a piezas para piano solo que no sobrepasan los diez minutos. Sin embargo, también fue capaz de manejar la forma sonata con notable competencia, como lo atestiguan las tres sonatas que compuso a lo largo de su vida, o al menos, las dos últimas (la primera, una obra de juventud, y cómo no, si Chopin tenía dieciocho años). La No 2 es la célebre Sonata fúnebre, de 1837, que incorpora como tercer movimiento la aún más célebre Marcha Fúnebre.
Para la tercera incursión en la forma hubieron de pasar siete años. La Sonata en Si menor fue iniciada en la quietud y placidez de Nohant, durante el verano de 1844, y terminada ese mismo año en París.


Pudiera pensarse que el sosiego de Nohant fue excesivo, porque la producción de ese año solo inscribe dos piezas, la sonata No 3 y la Berceuse op 57, esta última la única canción de cuna escrita por Chopin. Sucede que en abril de ese año el maestro polaco recibió una muy mala noticia. En Varsovia, a mil quinientos kilómetros de distancia, había muerto su padre, de setenta y tres años. Fue un duro golpe para el músico, que había visto por última vez a sus padres hacía casi diez años.

Tampoco había visto a su hermana Luisa, en catorce años. La Sand, sabia y compasiva, invitó a Luisa y su marido a visitarlos en Nohant. Convertido en singular dueño de casa, Chopin agasajó a su hermana con jardines, fuentes y bosquecillos durante tres semanas. Paseaban por las tardes. Chopin componía en las mañanas, y algo de música se hacía al anochecer, en familia. Quizá Luisa alcanzó a escuchar algunos bocetos de la sonata.

Sonata No 3 en Si menor, op 58
Considerada una de sus piezas más difíciles, armónica y rítmicamente, se extiende por cerca de 25 minutos o algo más. Chopin ha replicado en ella la estructura de la sonata anterior: cuatro movimientos, si bien la "marcha fúnebre" ha sido reemplazada por el largo como tercer movimiento. Publicada en Leipzig el mismo año de su creación, 1844, y no mucho después en Londres y París, está dedicada a la condesa de Perthuis, una de tantas damas nobles en cuyos salones Chopin deleitó más de una vez a una audiencia reducida, la que mejor le calzaba.

Movimientos:
00:00  Allegro maestoso – A un impetuoso primer tema, seguirá un segundo tema lírico (sostenuto e molto espressivo, minuto 1:33) que trae a la memoria los inconfundibles nocturnos del autor. La recapitulación descansa mayormente sobre este segundo tema (6:43). Dos vigorosos acordes cierran el movimiento.
09:42  Scherzo. Molto vivace – Muy breve pero ágil y enérgico, con una reposada sección central (el trio: 10:18).
12:22  Largo – El corazón de la sonata. Tras una sucinta introducción, se presenta el tema principal en 12:55. El movimiento avanza hacia una sección articulada en tranquilas corcheas, en 15:32. Retorna el tema inicial en 20:08 con una mano izquierda acompañante que más que presionar teclas, las murmura.
22:40  Finale. Presto non tanto – Un rondó, de gran intensidad. Luego de un par de densos compases emerge el tema principal, vehemente y apasionado (22:51). El elemento contrastante es una sección en tono mayor que exige al intérprete una abismante agilidad de dedos (que comienza por ráfagas en 23:35 para mantenerse por más de veinte compases en 23:55). En 25:46, una gran coda inicia el desenlace, magnífico.

La versión es de la pianista Kate Liu, nacida en Singapur, durante su participación en el Concurso Internacional Chopin de Varsovia 2015. Obtuvo allí un tercer lugar, mezquino, en nuestra opinión.



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domingo, 30 de julio de 2017

Béla Bartók: Concierto para piano No 1


Reconocido como notable pianista a la vez que compositor, el húngaro Béla Bartók compuso durante su vida tres conciertos para piano y orquesta. Surgidos de la necesidad de mostrar ante el público obras mayores propias, el primero de ellos fue escrito entre agosto y noviembre de 1926 y estrenado en Frankfurt el 1 de julio de 1927 con el autor como solista.
Con el Concierto No 1 para piano y orquesta Bartók pretendía poner de manifiesto su maestría como compositor al tiempo que exhibir sus habilidades como virtuoso del piano. Y vaya que lo hizo. La obra presenta dificultades técnicas asombrosas no solo para el pianista, también es un desafío para la orquesta... y para el público. En palabras de Bartók:
"...Lo considero un trabajo exitoso, aunque su estilo es un poco difícil, quizá incluso muy difícil, tanto para la orquesta como para la audiencia"
Bartók inauguraba así la exploración de un nuevo lenguaje, vistiendo al piano con el ropaje de los instrumentos de percusión. Considerada la apoteosis del cluster (racimo de notas adyacentes que se tocan simultáneamente) y del contrapunto disonante, la obra consiguió una respuesta tibia en Alemania, que sin embargo no desconoció su síncopa agitada, su ardorosa percusión y ritmo "primitivo" que recordaba a Stravinsky.

Béla Bartók (1881 - 1945)
Entusiasta, el autor partió prontamente en gira por los Estados Unidos. Pero a la crítica americana el concierto no le gustó nada (suponemos que tampoco al público). Un crítico sanguinario llegó a escribir que acababa de escuchar...
 "...una de las más espantosas avalanchas de disparates y desatinos rimbombantes que alguna vez se hayan perpetrado ante un público."
Pero nada de esto incomodó a Bartók. Es más, el autor no dará vuelta atrás con el nuevo estilo. Sin embargo, debido en parte a sus enormes dificultades, el Concierto No 1 ha permanecido como el menos atendido y escuchado de los tres que compuso. Y la verdad es que el esfuerzo vale la pena. Y bastante. Es pura bravura concentrada.

Movimientos
00:00  Allegro moderato - Allegro: De comienzo intenso pero calmo con la orquesta en los registros bajos, el piano hace su entrada sin mayor exigencia virtuosa, atacando una sola nota, que seguidamente va en octavas, para mayor énfasis percutivo. Pronto, vendrán los glissandos y disonancias. El movimiento finaliza con una suerte de latigazo orquestal.
10:00  Andante - attacca (attacca: indica que no hay pausa entre segundo y tercer movimiento): Desolación es lo que mejor describe a esta sección, tal vez porque no participan las cuerdas. Por momentos, el piano sólo acompaña a la percusión.
18:08  Allegro molto: Lo inician tambores y glissandos del trombón. El piano se incorpora al instante con su propio y extenso glissando, para convertirse luego en instrumento de percusión. O casi, clusters por doquier (por ejemplo: min 21:25), glissandos de tres octavas (min 24:24), y saltos a velocidades increíbles. Todo esto, en permanente síncopa con la orquesta. El movimiento termina abruptamente, como si la masa sonora se hubiera estrellado contra una pared.

La versión es de la Swedish Radio Symphony Orchestra conducida por el director finlandés Esa-Pekka Salonen. Al piano, Yuja Wang.

El concierto dura 25 minutos. El resto son aplausos, en infructuosa espera de que la encantadora señorita Wang regalara un bis, cosa que no hizo, probablemente porque en la literatura pianística no existe pieza breve que a continuación de esta performance no resulte un despropósito.


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