viernes, 21 de enero de 2011

Beethoven: Sonata Appassionata - Mov. 3


No es apresurado afirmar que Beethoven pasó al menos 14 años enamorado de Joséphine von Brunswick, desde que la tuvo como alumna, alrededor de 1798, hasta el año en que se supone está fechada la carta a la amada inmortal, 1812 –según los estudiosos. Esto no quiere decir que no intentara desplegar sus dotes amatorias en otra parte y, ciertamente, no se pueden desconocer los tanteos con Bettina Brentano, Therése Malfatti y otras chicas de la época.

Ahora bien, Joséphine, viuda y con cuatro hijos, se volvió a casar, en 1808. ¿Un agravio al pobre Ludwig? ¿Un abandono definitivo? No. No necesariamente. Josephine estaba obligada a buscar seguridad para sus hijos y creyó encontrarla en un tal conde von Stackelberg, muy probablemente animada con ese solo objetivo pues si de felicidad hablamos, este matrimonio –que sumó tres hijos más a la descendencia de Josephine– resultó peor que el anterior.
Y tal vez por eso Beethoven haya mantenido por tantos años encendida la esperanza, si bien Thérese y su otra hermana se encargaban de contener su ilusión en un marco juicioso, frío y realista, debido a su origen de clase.

Joséphine von Brunswick
Carta a la Amada Inmortal
La carta, en su segundo y tercer trozo, trasluce una relación amorosa complejísima y plagada de enormes dificultades para su materialización. Tal vez ello sea suficiente para colegir que efectivamente la Carta a la Amada Inmortal –que curiosamente nunca fue enviada– está dirigida a Josephine von Brunswick, viuda de von Deym, separada de von Stackelberg y madre de siete hijos, para mayor abundancia.

Extractos:
"6 de julio, lunes, por la tarde
¡Estás sufriendo, queridísima mía! Acabo de darme cuenta de que estas cartas deben darse al correo muy temprano. Los lunes y los jueves son los únicos días en los que el carruaje del correo va desde aquí hasta K. ¡Estás sufriendo tanto! [...]
Lloro al pensar que sólo el sábado, con suerte, recibirás mis primeras palabras. Por mucho que tú me ames, mi amor por ti es más ardiente, pero que ello no haya de alejarte de mí. [...]
¡Buenas noches! ... ¡Tan cerca! ¡Tan lejos! ¿No es nuestro amor una estructura realmente celeste, firme como la cúpula del cielo?"

"Buenos días, en la mañana del 7 de julio
Antes de levantarme mis pensamientos volaron hacia ti, inmortal bienamada; en ciertos momentos eran dulces, en otros dolorosos... confiando en que los hados nos escuchen. No puedo seguir viviendo permanentemente sin ti... he decidido recorrer la distancia que nos separa para volar a tus brazos...
[...] Debes tenerme afecto, más aún sabiendo cuán grande es mi amor hacia ti. ¡Nunca podrá otra mujer poseer mi corazón, nunca, nunca!
...La vida que llevo en Viena es miserable. Tu amor me hace el más feliz y al mismo tiempo el más infeliz de los hombres... [...] ¡Sé sencilla! ¡Ámame! ¡Ámame hoy, ámame ayer! ¡Después de ti, de ti, de ti, mi vida, todo mi ser vive un anhelo cargado de lágrimas! Adiós... nunca dudes de que haya un corazón más fiel al tuyo que el mío.
Tu bienamado, Ludwig
Siempre tuyo. Siempre mía. Siempre el uno del otro."

Casi dan ganas de llorar. Y no podemos sino preguntamos, al igual que Thérese, en su diario:
"¿Por qué mi hermana no se casó con él cuando era viuda von Deym? ...Habían nacido el uno para el otro."

Therese von Brunswick, a los 24 años

Es en plena batalla por este amor esquivo, en 1804, cuando Beethoven compone la sonata Appassionata, que dedica al hermano de Josephine, y cuyo tercer movimiento y final escuchamos ahora. De naturaleza agitada, trasunta una suerte de desasosiego que parece no terminar nunca y que, según algunos, llega a "quitar el aliento". Por esto mismo, me encanta la expresión del maestro Arrau después de su performance mientras recibe los aplausos. Parece un niño que acabara de recitar un par de versos en su escuelita.


.......................................................................................................................................


Amigo visitante:
Si te agradó el artículo, mucho te agradecemos si lo compartes en Facebook, o Twitter, o lo recomiendas en Google

lunes, 17 de enero de 2011

Beethoven: Sonata Appassionata - Mov. 2


Josephine von Brunswick, a los 19 años.

El año de composición de la sonata Appassionata, 1804, es también el año de la muerte del conde von Deym, que deja así viuda a Joséphine con cuatro hijos y con poco dinero. El matrimonio había sido claramente infeliz y la opción de Beethoven de acompañarla en su dolor y, en la medida de lo posible, llevar la relación a un grado superior, debe haber sido recibida con entusiasmo por la joven viuda.
Si bien su pretendiente no provenía de la nobleza, era sin embargo el compositor de mayor prestigio en la capital del poderoso imperio de los Habsburgo, la ciudad de Viena.

Sonata Appassionata 2do movimiento. Tema con variaciones, que termina de manera sorpresiva con un acorde fortissimo que abre la puerta al inicio del tercer movimiento. Al piano: Valentina Lisitsa, en un ensayo en Viena.



Si Josephine hubiese quedado viuda sin hijos, Ludwig podría haber abrigado algunas esperanzas aunque modestas; el problema verdaderamente serio lo constituían los cuatro niños que, de acuerdo con las normas de la época, debían ser alimentados, cuidados y educados por un personaje de la nobleza, necesariamente.

Así y todo, la relación con Josephine va a durar hasta por lo menos el año 1812, fecha en que se sitúa por lo general la factura de la célebre Carta a la amada inmortal, que no tiene destinataria explícita. Antes de esta fecha, se conocen algunas cartas intercambiadas por Ludwig y Josephine, al menos entre 1804 y 1807. Descubiertas hace relativamente pocos años, revelan una atmósfera muy similar a la carta dirigida "A la amada inmortal" por lo que hoy se estima con cierto grado de realismo que la destinataria de esta última es, efectivamente, Josephine.

Carta a la Amada Inmortal - Parte I
La carta de marras fue iniciada un "6 de julio por la mañana", continuada la misma tarde y terminada la mañana siguiente. Es, por lo mismo, una carta bastante larga. El autor, de viaje desde un lugar que no se nombra hacia otro que tampoco, escribe desde una posada o estancia a la que ha arribado después de un viaje harto movido, literalmente. El lenguaje utilizado permite echar un vistazo a la personalidad del autor y también asomarse a unas relaciones humanas que no pueden sino sorprendernos por un matiz "romántico" que hoy no dudaríamos en calificar de extravagante o caprichoso.

"6 de julio, por la mañana
¡Mi ángel, mi otro yo, todo mi mundo! Sólo unas pocas palabras en el día de hoy [...] Mi futuro no quedará fijado hasta mañana. ¡Qué frívolo derroche de tiempo! ¿Por qué esta pena profunda cuando es la necesidad quién ordena? ¿Puede nuestro amor subsistir sin sacrificio, sin anhelarlo todo? ¿Puede ayudar a nuestro amor que tu arte no sea enteramente mío, el que yo no sea totalmente tuyo? Dirige tus ojos a la hermosa naturaleza y no dejes que tu mente sea perturbada por el destino. El amor lo requiere todo y es muy justo que así sea." [...]
"Mi jornada ha sido terrible. No llegué aquí hasta las cuatro de la mañana de ayer a causa de los caballos. El cochero escogió otra ruta ¡pero qué terrible camino el escogido! ... a causa del mal estado de la ruta, una vía execrable y tortuosa, el carruaje se averió. Sin el postillón que tenía junto a mí, hubiera quedado abandonado en el camino." [...]
"¡Alégrate! Continúas siendo mi única verdad, mi único amor, todo mi yo como yo lo soy para ti. Y así para siempre; debemos dejar que los dioses nos envíen lo que debe ser y lo que será."
"Fielmente tuyo, Ludwig."

Segunda y tercera misivas, aquí.


.......................................................................................................................................


Amigo visitante:
Si te agradó el artículo, mucho te agradecemos si lo compartes en Facebook, o Twitter, o lo recomiendas en Google con un cómodo clic 

viernes, 7 de enero de 2011

Beethoven: Sonata Appassionata - Mov. 1



Compuesta alrededor de 1804, cuando Beethoven tenía 34 años −ya la sordera comenzaba a aquejarlo seriamente− la sonata N°23, llamada Appassionata, fue dedicada al conde Franz von Brunswick, hermano de Thérese y Joséphine, y primo, quién lo iba a decir, de Giulietta, su primer amor.
Debido a su audacia y novedad significó un gran avance en la escritura pianística que, más allá de su enorme dificultad técnica, queda señalado por el uso de la extensión completa del piano y un enérgico juego en los registros bajos; no por nada la sonata está escrita en la tonalidad de Fa menor –en los instrumentos de la época la nota "fa" era la más grave.

La imagen muestra la primera página del movimiento inicial, allegro assai (bastante rápido). Como es obvio, los círculos rojos son míos y no de Beethoven. Con ellos he querido resaltar la aplicación en esta sonata del motivo musical con que Ludwig probablemente vaya a ser conocido en el mundo entero durante siglos: el célebre "pa-pa-pa-pam", con que comienza la Quinta Sinfonía, y que va a ser compuesta algunos años más tarde, antes de 1808.
La primera aparición del motivo, que insiste por cuatro compases, se escucha, en el bajo, a los 32 segundos de iniciada la pieza. Reaparece, tempestuosamente, algunos minutos más tarde y luego, hacia el final, con gran dramatismo.

Daniel Barenboim. Berlín, 2006.



La dedicatoria de la sonata al conde Franz ilustra una conducta habitual de aquellos años. Es un homenaje tangencial a las hermanas Thérese y Joséphine. Es, como quien dice, una indirecta. Porque, si alguien en la familia Brunswick llamaba la atención de Beethoven no era precisamente Franz sino las dos hermanas ya nombradas. Habían sido sus alumnas.


A comienzos del verano de 1799, los Brunswick habían conocido a Beethoven en Viena, en un corto viaje desde su residencia, una localidad cercana. La señora Brunswick estimó que no era mala idea que las niñas tomaran clases con el joven pianista y así aumentar el atractivo de sus hijas para cuando alguien quisiera desposarlas. De modo que Thérese, de 24 años, y Josephine, de 20, se convirtieron en alumnas de Beethoven, iniciándose con ello una larga relación con los Brunswick.

Con Thérese, el maestro mantuvo siempre una relación cordial, transparente y muy intensa. Tenían por costumbre conversar de lo humano y lo divino, y mantuvieron por muchos años una amistad sincera. Si Ludwig se pasó películas con Thérese no lo sabemos. Aunque, según se cuenta, le habría hecho algún empeño.
Sin embargo, si algo cautivó realmente al maestro en esos años fue la belleza de Josephine, quien, para desgracia del maestro va a casar precisamente a fines de 1799, con un tal conde von Deym, 30 años mayor que ella, según un arreglo matrimonial conseguido por la señora Brunswick.

Pero el conde resultó un fiasco. Por un lado, no tenía tanta plata como pretendía (o como quiso creer madame Brunswick), y por otro, abandonó este mundo a causa de una neumonía tan solo cuatro años después de contraer el sagrado vínculo, dejando a Josephine, viuda con tres hijos y embarazada de un cuarto.
Es probable que Ludwig en ese momento se replanteara las cosas. Durante los cuatro años de matrimonio, había participado habitualmente en fiestas y veladas musicales en casa de los von Deym, pero a partir de la viudez de Josephine, el maestro de Bonn decide acercarse un poco más a la casa, aumentar la frecuencia de sus visitas, y al parecer, poco a poco, paulatinamente, algo más que una amistad comenzará a crecer entre ambos.


.......................................................................................................................................

Amigo visitante:
Si te agradó el artículo, mucho te agradecemos si lo compartes en Facebook, o Twitter, o lo recomiendas en Google