martes, 12 de diciembre de 2017

JS Bach: Suite Orquestal No 2


El catálogo completo de las obras de Johann Sebastian Bach abarca un total de 1128 piezas. Al menos ese número es lo que registra el reconocido catálogo que con las siglas BWV acompaña la mención de cada una de sus obras. Sabemos que, salvo la ópera, el maestro alemán se prodigó en todos los géneros. Por ello, llama la atención que en un género como la suite orquestal, muy de moda para la época, Bach haya escrito tan solo cuatro piezas en toda su vida. Tan de moda estaba la suite que Telemann, el más famoso compositor de su tiempo en Alemania, escribió al menos 130.


Con origen en las breves piezas con que Jean-Baptiste Lully acostumbró prologar sus óperas y ballets, la suite, también llamada obertura, estaba conformada por una sucesión de danzas de nombre francés que venían a continuación de la obertura propiamente tal. Como ya se ha dicho, su popularidad era alta, resultado del furor que provocaba la cultura y música francesas en Alemania y otros países europeos durante los siglos XVI y XVII –un modo simple y austero de imitar el glamour de la corte francesa.

Desde luego, es música que puede calificarse de "light", o ligera, por la que Bach no se sentía especialmente inclinado, y de ahí su exigua producción. Las suites conformaban el lado ameno de la música pura, la forma con la que la nobleza se entretenía y pasaba un buen rato. El maestro, por su parte, prefería escribir música eclesiástica, o música que al menos incluyera el desafío de plasmar en ella una retadora fuga.

Suite Orquestal No 2, en Si menor, BWV 1067
La instrumentación de las suites variaba mucho en dependencia de la agrupación musical (los Collegium Musicum) a las que Bach podía tener acceso. La Suite No 2 fue escrita probablemente en Leipzig, alrededor de 1720, y ahí el maestro pudo contar con la participación de una flauta travesera a la que encomendó una breve sección fugada en la obertura.
A la obertura le sigue un rondó, y luego las mentadas secciones de nombre francés aunque su origen puede ser diverso. La polonaise, por cierto, es de origen polaco, y la sarabande, española o más bien del Nuevo Mundo.
La obra cierra con una badinerie, juguetona y alegre, especialmente indicada para el lucimiento del flautista. Junto al "aria" de la Suite No 3, es uno de los trozos más célebres de Bach y el movimiento al que la obra debe su popularidad.

Movimientos o Secciones:
00:00  Overture
06:38  Rondeau
08:15  Sarabande
11:04  Bourrée (1 y 2)
12:50  Polonaise
14:05  Double
16:03  Menuet
17:09  Badinerie

La versión es de la agrupación alemana Berlin Baroque Soloists. Flauta solista: Emmanuel Pahud.


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martes, 5 de diciembre de 2017

Paganini: Capricho No 24 en La menor


Los 24 Caprichos para violín solo, obra de la superestrella del siglo XIX Niccolo Paganini, constituyen la cumbre del desarrollo de la técnica del violín y conforman uno de los más grandes tratados de música en toda la historia del instrumento. Su impacto llegó incluso más allá del violín, inspirando a Chopin y Liszt, por ejemplo, para la ideación de sus respectivos Estudios para piano. Más todavía, las hazañas técnicas que Niccolo prodigaba en sus presentaciones motivaron en buena medida a Franz Liszt para replicar en el piano lo que el maestro italiano hacía con el violín.

Las veinticuatro piezas fueron compuestas durante un largo periodo, entre 1802 y 1817, y finalmente publicadas en conjunto en 1820. El maestro tiene cuarenta y ocho años. No obstante su aspecto algo cadavérico, vive la mejor etapa de su vida. Paganini es rico y célebre. También es generoso y dirige la dedicatoria de 1820 a "gli musici", a los músicos, a todos.
Tampoco le falta humor; años más tarde, pensando quizá en una edición posterior, escribe sobre los originales una nota dedicando cada Capricho a 23 colegas compositores, entre los que se cuentan Liszt, Vieuxtemps, Spohr, Thalberg, Kreutzer. El Capricho No 24 lo ha reservado para sí mismo, anotando después de su nombre: "lamentablemente sepultado".

Capricho No 24 en La menor
Es precisamente el Capricho No 24 el que concitó la atención de público y autores de la época (también de nuestros días), quienes, inspirados en la pieza elaboraron un número considerable de arreglos y variaciones para diversos instrumentos y conjuntos instrumentales. De aquellos surgidos en el siglo XIX, anotemos: Rapsodia sobre un tema de Paganini de Rachmaninof, Estudios sobre Paganini, de Liszt, también los de Schumann, las Variaciones sobre un tema de Paganini de Brahms. Sigue un largo etcétera, concebido por autores de menor renombre. En nuestros días, señalemos el arreglo jazzy de Benny Goodman.

Tema y variaciones
Marcada quasi presto, la pieza se extiende por menos de cinco minutos. No obstante su brevedad, está construida a la manera de tema y variaciones, once, más un finale. Una amplia variedad de técnicas avanzadas, altamente exigentes, están presentes: rapidísimas escalas y arpegios, trinos dobles y triples, pizzicato de la mano izquierda, octavas paralelas y décimas, rápidos saltos y cruce de cuerdas... Nada parece quedar fuera del alcance del violinista que tenía pacto con el diablo.

La versión es del maestro ruso Maxim Vengerov. Brillante interpretación, aunque hay que lamentar las libertades que se tomó el camarógrafo o el editor, que parecen haber estado bebidos.


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viernes, 1 de diciembre de 2017

Chopin: Mazurka op 7 No 1


En la obra completa de Chopin, las mazurkas ocupan un lugar privilegiado. A lo largo de su vida, el músico polaco escribió un total de 57 mazurkas, la primera de ellas a los catorce años. Pero solo publicó 47. Las otras diez, consideradas por el autor no dignas de publicación, fueron dadas a conocer por su amigo y colega Julian Fontana en 1858, siete años después de la muerte del compositor. Una cantidad impresionante, sin duda. Si bien gran parte de ellas no supera los cuatro minutos de duración, en conjunto constituyen lo más refinado que escribió Chopin, lo más personal y quizá lo más original.


Aunque con origen en el folklore polaco, las reminiscencias de temas populares que puedan vislumbrarse en las mazurkas de Chopin son escasas. Los temas los ha inventado él mismo, enteramente, conservando los patrones rítmicos y los acentos que, característicamente, van en los tiempos débiles del compás, ternario, sin excepción. A veces, los temas son muy simples pero el genio del polaco logra, siempre, imprimir en ellos un giro personal. Música polaca, sí, pero estilizada, parece haber sido el norte del maestro.

El opus 7
Cinco mazurkas conforman el opus 7, todas vivaces y alegres (porque también las hay serenas y reposadas, en el total de su obra), distinguiéndose por su sencilla brillantez la No 1 en Si bemol. Probablemente fueron compuestas en 1831, quizá en Stuttgart o tal vez ya antes, en Varsovia. La única certeza es que se publican en Leipzig, en 1832, no mucho después de que el maestro se hubiera instalado en París, una ciudad inquieta que todavía no se repone de los alzamientos de julio del año anterior. Allí pasará los siguientes dieciocho años de su vida.

Mazurka No 5, opus 7 No 1 en Si bemol mayor
Con escasos poco más de dos minutos de extensión, esta pequeña joya abre con una melodía de amplio rango que, iniciada en la "dominante", provoca la sensación de venir desde algún otro lugar, de ser la continuación de una pieza que ya había comenzado. La melodía se repite, con un persistente acento en el segundo tiempo de cada compás. Luego, una sección nueva aporta el necesario contraste (0:31). Este esquema, melodía principal y contraste (nuevo cada vez) es replicado tres veces, hasta su cierre, abrupto y sin adornos, como el maestro estimó que debía ser.

La versión es del pianista polaco Krzysztov Ksiazek, durante su participación en el Concurso Internacional Chopin de Varsovia, año 2015.


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jueves, 30 de noviembre de 2017

Rossini: Guillermo Tell - Obertura


En 1829, a la edad de 37 años, y hasta ese momento el más exitoso compositor de óperas de toda Europa, Gioachino Rossini abandonó los escenarios y se retiró a Passy, su finca de los alrededores de París, para cultivar la tierra y perfeccionarse en su segunda pasión, la gastronomía.
Guillermo Tell fue su última ópera, de un total de 39 escritas en el increíble lapso de diecinueve años. Escrita en francés, la obra fue comisionada por la Opera de Paris, y estrenada en sus salones en agosto de 1829, aunque con algunos cortes pues su extensión original, de casi cinco horas, fue considerada excesiva para los gustos de la época... y para los nuestros, también.


La historia contada
Ambientada en el siglo XIII, Guillaume Tell está basada en poemas de Schiller y cuenta la historia de un patriota suizo, Tell por supuesto, que lucha contra las tropas austriacas que han conquistado su país. Es apresado junto a su hijo Jemmy y sometido al célebre desafío de apuntar con su arco y flechas a una manzana que se ha dispuesto sobre la cabeza de Jemmy. Guillaume dispara su flecha y atraviesa la manzana, dejando a su hijo indemne, pero comete el error de decirle a su captor que si hería a Jemmy, la próxima flecha iba dirigida a él. Es arrestado, pero logra escapar, encabezando luego una victoriosa revuelta contra el ejército austriaco.

Una obertura popular
En nuestros días, la ópera se representa poco, o casi nunca. Es más bien una rareza. Pero su obertura no lo es, en absoluto. Por el contrario, se ha convertido en una de las piezas más familiares al oído para el común de las personas, capaces de reconocerla de inmediato aunque no conozcan a su autor ni menos estén enterados de que pertenece a una ópera. La popular pieza ha corrido la suerte, la buena suerte, del Vals de Zwanilda, de Léo Delibes, o de la Danza de las Horas, de Ponchielli. Melodías que podemos tararear de inmediato, aun cuando los nombres de Ponchielli o Delibes no aparezcan en nuestros registros.

El llanero y la marcha de los soldados
Hemos escuchado la pieza en infinitos comerciales televisivos, variadas películas y hasta en el ascensor, pero su popularidad se debe, fundamentalmente, a la serie televisiva El Llanero Solitario, muy popular hace algunas décadas, desde donde comenzó a galopar por la historia de los spots publicitarios, siempre presente en persecuciones de toda índole.
La obertura completa dura aproximadamente doce minutos, y está conformada por cuatro secciones. La última de ellas, Finale, o Marcha de los soldados suizos, intenta representar (ya vemos lo bien que lo hizo) una carga de caballería, anunciada en el minuto 8:27 por cornos y trompetas.

La versión es de la agrupación Santa Monica High School Symphony Orchestra, conducida por su director Joni Swenson.



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domingo, 26 de noviembre de 2017

Castrati - Haendel - "Lascia ch'io pianga"


Los célebres castrati comenzaron su curiosa historia incorporándose a los coros de las iglesias debido a que a las mujeres ya no se les permitía cantar allí. San Agustín las había prohibido. Más tarde, en el siglo XVIII, se convirtieron en destacados cantantes de ópera que sorprendieron con su talento a media Europa. La mayor parte de ellos habían sido "transferidos" a las escuelas de canto por sus padres menesterosos, con la esperanza de que desarrollaran una voz excelsa que los hiciera ricos y famosos. Los niños eran castrados y luego enviados a estas escuelas, donde recibían educación musical y vocal. Unos pocos entraron a la historia como los más grandes cantantes de todos los tiempos, el célebre Farinelli entre ellos.


Es que los castrati tenían voz de mujer pero pulmones de hombre, capaces de verdaderas hazañas vocales que hasta hoy han sido imitadas pero no superadas. Es cosa de ver las partes vocales que Haendel, Gluck o Rossini escribieron para ellos, colmadas de dificultades técnicas de todo tipo que hacen pensar que los compositores escribían para una clase especial de cantantes que, en realidad, eran máquinas de voz o mecanismos vocales más eficientes que todo lo que se haya visto desde entonces.

Por eso, no es de extrañar que los castrati fueran las primeras superstars de la música. Ricos, vanidosos y atractivos, tomaron Europa por asalto, compartiendo con los nobles en igualdad de términos. Con las damas nobles, especialmente, chicas de alcurnia en busca de experiencias exóticas y estimulantes, que podían convertirse en amantes sin desvelos por embarazos no deseados.
Sus asuntos amorosos fueron el comidillo de Europa. Algunos tomaron la opción gay. Pero la gran mayoría, italianos todos ellos, fueron reconocidos "roba corazones" y a sus pies cayó una amante tras otra.

Caffarelli, famoso, casi muere a manos de un marido celoso. El no menos célebre Senesino se fugó con una chica de buena familia pero terminó preso. Luigi Marchesi se vio envuelto en un gran escándalo en Londres cuando una dama abandonó marido e hijos para irse a vivir con él. Pacchierotti tuvo un espinoso affair en Nápoles que llevó al amante de la dama (ex amante) a hacer planes para asesinarlo. Velluti, por su parte, se dedicó a perseguir damiselas por toda Europa hasta terminar en Rusia viviendo con una Gran Duquesa.

Hubo un último castrato, Alessando Moreschi, que formó parte del Coro del Vaticano en la segunda mitad del s. XIX. Murió en 1922. Unos años antes, en 1906, Pio X los había eliminado mediante bula pontificia expedida motu proprio.

A todos ellos los saludamos desde esta modesta tribuna con el contratenor francés Philippe Jarousky interpretando el "caballito de batalla" de los contratenores modernos, el aria Lascia ch'io pianga ("Deja que llore") del Acto II de la ópera Rinaldo, de Haendel, estrenada en Londres en 1771.

[Datos históricos tomados de un artículo del New York Times, de 1984]


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