miércoles, 18 de octubre de 2017

Henri Dutilleux: Concierto para violín


El autor francés contemporáneo Henri Dutilleux no se cansó de decir en todos los tonos (nunca mejor utilizada la expresión, puesto que era músico) que no escribía "música programática". Sin embargo, escasas son sus obras que no contengan un título evocativo. Por cierto, no es la excepción el Concierto para violín y orquesta, que lleva por título L'arbre des songes (El árbol de los sueños). En palabras del mismo Dutilleux: "En términos generales, la pieza va creciendo como un árbol, porque el constante renacer y multiplicación de sus derivaciones imita, líricamente, aquello que es la esencia de un árbol".


Al finalizar la Segunda Guerra, Dutilleux accedió a un puesto como productor de la ORTF (la radio-difusión pública francesa). Y allí se quedó durante veinte años, hasta mediados de los sesenta. Su tarea: la radiodifusión de obras de connotados dramaturgos de mediados del siglo veinte; también, la promoción de compositores modernos de vanguardia, como el francés Pierre Schaeffer, creador de la "música concreta". Pero para el mismo Dutilleux no había cupo. Así lo quiso él, obedeciendo a un alto sentido de la autocrítica y consciente asimismo de la breve extensión de su obra.

Henri Dutilleux (1916 - 2013)
El reconocimiento vino en 1951, con su Primera Sinfonía. De ahí en adelante, le llovieron a Dutilleux las comisiones, las obras a pedido, contándose a Mstislav Rostropovich, Anne-Sophie Mutter, Renée Fleming entre los comisionarios, amén de las solicitudes de agrupaciones orquestales como The Julliard String Quartet o la Boston Symphony Orchestra.
Isaac Stern, el destacado violinista ruso nacionalizado estadounidense, es otro de los solicitantes, entre los intérpretes solistas. Para él está compuesto L'arbre des songes, y a él está dedicado.

L'arbre des songes - Concierto para violín y orquesta
Compuesta entre 1979-85, y estrenada el 5 de noviembre de 1985, la obra está estructurada en el novedoso estilo que Dutilleux acostumbró, con varias secciones "separadas" por interludios, o paréntesis , con lo que el fluir de la música nunca se interrumpe durante la ejecución. El autor sostenía que la manera tradicional de movimientos separados, cada uno con inicio, fin y la consiguiente pausa, rompían el hechizo, el encantamiento de la música.

Con duración aproximada de 25 minutos, sus secciones son cuatro, "separadas" por tres interludios, cada uno con su propio carácter y estilo:
I     Librement  /  Interlude 1
II   Vif   /  Interlude 2
III  Lent  /  Interlude 3
IV  Large et animé

La versión es del violinista francés Renaud Capuçon, acompañado por la Orchestre National du Capitole de Toulouse conducida por el director ruso Tugan Sokhiev. Al final, el artista nos brinda un encore, que hasta el momento, no he podido reconocer.


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miércoles, 11 de octubre de 2017

Franz Liszt: Concierto para piano No 2


Tal como aconteció con el primer concierto, la escritura inicial, las necesarias revisiones, y la versión final del Concierto para piano No 2 le tomaron a Liszt un buen tiempo. Casi veinticinco años. Comenzó a trabajar en él en 1839 y dio por terminada una primera versión (digamos, un primer borrador que lo dejaba satisfecho) en 1857, es decir, dieciocho años después. Tras las obligadas revisiones, lo consideró finalmente terminado en 1861, pero su publicación se dilatará hasta 1863.

Liszt, en 1866.
Grabado a partir de una fotografía.
Si hablamos de dinamismo o soltura para la composición concertante, la distancia con sus antecesores, digamos los "clásicos", es holgada. Y si la comparación se hace con Mozart, resulta gigantesca: recordemos que el genio de Salzburgo en sus años vieneses llegó a componer dos conciertos al mes (en febrero y marzo de 1785, ni más ni menos que los Conciertos Nos 20 y 21). Las circunstancias de vida, desde luego, son muy distintas. Mozart componía con el ojo puesto en sus conciertos por suscripción, un ingreso vital. Liszt, en cambio, llegaba a fin de mes muerto de la risa.

Precisamente en 1839 Franz Liszt dio comienzo a una carrera de virtuoso del piano que no tiene paralelo en la historia de las presentaciones artísticas del siglo XIX. Entre 1839 y 1847 sus giras como "concertista" (recordemos que es el inventor del "recital", el primer pianista en presentarse solo en el escenario) le llevaron a –tomemos aliento– España, Portugal, Francia, Alemania, Austria, Inglaterra, Irlanda, Rumania, Turquía y Rusia.

En 1849, sin embargo, su nueva pareja, Carolyne de Sayn Wittgenstein, sugirió el abandono definitivo de los escenarios y la dedicación exclusiva a la composición. Así, el concierto que había ofrecido en Rusia en septiembre de 1847 se convirtió en su último concierto pago. De ahí en adelante, el maestro de 36 años tocó el piano a beneficio dando a conocer las composiciones de sus colegas menos reconocidos. También, se dio tiempo para trabajar en las obras que había imaginado hacía diez años.

Concierto para piano y orquesta No 2, en La mayor
El concierto está dedicado a Hans von Bronsart, alumno de Liszt, quien lo estrenó en Weimar el 7 de enero de 1857. Al igual que el primer concierto, la obra está construida sobre un solo movimiento, conformado por numerosas secciones, todas ellas derivadas de la misma melodía inicial al punto que un destacado musicólogo se ha permitido renombrar la obra como "Vida y andanzas de una melodía".
Algo irrespetuoso quizá, pero no tan alejado de la realidad porque a través de los veinte y pico minutos que dura la obra, la melodía inicial va y viene, experimentando variaciones, transformaciones y giros diversos. Amplísimos glissandos que abarcan el teclado completo anuncian un gran finale de características espectaculares.

La versión es de la pianista georgiana Khatia Buniatishvili, acompañada de L'Orchestre de Paris, conducida por el director ruso Andrey Boreyko.


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domingo, 8 de octubre de 2017

John C. Adams: Fanfarria "Short Ride in a Fast Machine"



Para dar nombre a una obra musical, el título es inusual, sin duda. Y traducido al español quizá sea más extraño todavía. Muy burda y literalmente, podría traducirse como: "Corta cabalgada en una máquina rápida". ¿Qué significa exactamente eso? La interrogante ya se planteó antes. Cuando a su autor, el compositor estadounidense John Adams, se le preguntó por la razón de tan inusitado título para esta exultante fanfarria atiborrada de ritmo, no abundó en reflexiones y respondió sencillamente con otra pregunta: ¿Tú sabes lo que pasa cuando alguien te invita a correr en un magnífico auto deportivo y luego te arrepientes? No hay mejor respuesta, al parecer.

John Coolidge Adams (n. 1947)
John Coolidge Adams, nacido en Massachusetts en 1947, es el autor de la célebre y controvertida ópera Nixon en China, de 1987, con la que llevó la historia contemporánea a la ópera abriendo con ello un nuevo género. En la misma línea, el drama musical postmoderno, el autor ha incursionado en contenidos tales como la vida y obra del inventor de la bomba atómica o los ataques terroristas de los últimos veinte años. Inicialmente un compositor minimalista, el autor también ha abordado la música de cámara, orquestal y concertante. Hoy, todavía activo, Adams sigue siendo demandado y comisionado por las más importantes agrupaciones orquestales como proveedor de material sinfónico.

Short Ride in a Fast Machine es una de las dos fanfarrias para orquesta comisionadas al autor por la Orquesta Sinfónica de Pittsburg en 1986. Desde luego, es una obra exuberante, brillantemente escrita para gran orquesta, y de energía polirrítmica sin límites. Junto a las tradicionales secciones de cuerdas, vientos y maderas, la obra contempla la participación de sintetizadores. Y a los ineludibles timbales se suman triángulos, caja china, xilófono, crótalos, campanas, platillos, caja, bombo, tantan y pandereta. Un festival de percusión. Si en nuestros días, se quiere "abrir", provocativamente, un programa de música contemporánea, nada mejor que iniciar el espectáculo con estos cuatro minutos de "rápida cabalgada".

La versión es de la BBC Symphony Orchestra, conducida por la directora y violinista estadounidense, Marin Alsop.


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jueves, 5 de octubre de 2017

Mozart: Concierto No 26, "Coronación"


Con ocasión de la coronación de Leopold II como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Mozart visitó Frankfurt en octubre de 1790. Hacía más de un año había completado un concierto para piano cuyas oportunidades de darlo a conocer escasearon. Atrás había quedado la época en que componía seis o siete conciertos al año para presentarlos a un público que los esperaba ávido. Su popularidad había declinado en una Viena de gustos fluctuantes. En sus últimos cinco años de vida compuso solo dos, el penúltimo de ellos aquel que presentó en Frankfurt el 15 de octubre de 1790 como parte de las festividades que saludaron la coronación de Leopold. Así se ganó su apodo el Concierto No 26 en Re mayor.


El concierto se presume bosquejado más de dos años atrás, en la primavera de 1787, luego de que Mozart regresó a Viena tras presenciar en directo el éxito de Le Nozze di Figaro en Praga. Había que organizar la nueva temporada, con los ojos puestos en el tiempo de Cuaresma. La ópera, la música por excelencia en aquella época, estaba prohibida en Viena para la Cuaresma, de modo que era esa la oportunidad (que como se sabe, se extiende por cuarenta días) en que sus conciertos por suscripción debían presentarse para optimizar los resultados.

En carta a Michael Puchberg, su habitual auxilio financiero y compañero masón, Mozart le asegura estar pronto a saldar la última deuda porque está trabajando intensamente en un nuevo concierto (aprovecha también de solicitar un nuevo préstamo). Pero no alcanzó a terminar el Concierto para la Cuaresma de ese año. El concierto fue completado en febrero del año siguiente, según se aprecia en el catálogo privado de Mozart, al que fue incorporado el 24 de febrero de 1788.

Concierto para piano No 26, en Re mayor, K 537, "Coronación"
Lo conforman tres movimientos: un allegro brillante y festivo; un movimiento lento, más amable que lírico; y un allegretto sin drama, casi humorístico. Su belleza sencilla lo ha erigido en uno de los conciertos de Mozart más interpretados en los escenarios del mundo.

Movimientos:
00:00  Allegro
14:30  Larghetto
20:32  Allegretto

La versión es de la pianista japonesa Aimi Kobayashi, de tan solo once años para la oportunidad: su debut orquestal, en Moscú, diciembre de 2006. La acompaña la orquesta The Moscow Virtuosi dirigida por el maestro ruso, violinista y director, Vladimir Spivakov.


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martes, 3 de octubre de 2017

Bach: Concierto para violín en Mi mayor



Los seis años que Bach se desempeñó como maestro de capilla del príncipe Leopold en la pequeña corte de Anhalt-Köthen, de 1717 a 1723 (Bach disfruta de sus treintitantos), fueron altamente productivos. Además de un buen número de sonatas para violín, violoncello y flauta, así como otras tantas suites e invenciones para teclado, a esa época pertenecen el primer cuaderno de El Clave bien Temperado, y ni más ni menos que los seis Conciertos de Brandeburgo. En música para violín y orquesta, se inscriben tres obras geniales: el popular Concierto para dos violines y los Conciertos en La mayor y Mi mayor.

Circunstancias sencillas se dieron a un tiempo para que se produjera tan alta producción. El príncipe Leopold era un franco apasionado de la música que no podía satisfacer su apetito exclusivamente con los salmos de iglesia impuestos por la reforma calvinista. De modo que dispuso albergar en su modesta corte una agrupación instrumental de primer orden. Diecisiete músicos estuvieron a disposición de Bach durante aquellos años, y con ellos en mente pudo el maestro componer prácticamente a su antojo. Generosamente retribuido por el príncipe, Bach se contó entre los miembros mejor pagados de la servidumbre. Por si todo esto fuera poco, allí en la corte conoció a una talentosa soprano, Anna Magdalena.

Concierto para violín, cuerdas y continuo en Mi mayor, BWV 1042
El maestro, en toda su vida, jamás salió de Alemania. Pero mientras permaneció en Weimar, previo a su paso por Köthen, realizó una gira mental por Italia copiando hasta altas horas de la noche música de los maestros barrocos italianos, Vivaldi en primer término. De ahí que un espíritu vivaldiano recorra la obra de principio a fin. Y, naturalmente, sus movimientos son tres, en la tradicional secuencia vivaldiana de rápido-lento-rápido. (Anotemos también, que a raíz del advenimiento del forte-piano, alrededor de 1740 Bach realizará una transcripción para teclado, el Concierto en Re mayor, BWV 1054)

Movimientos:
00:00  Allegro.  Abre con tres secos acordes construidos sobre la triada de Mi mayor, que constituirá el germen del tema principal.
08:11  Adagio.  Un aria instrumental de extraordinaria belleza.
14:00  Allegro assai.  Exuberante, y de final virtuoso.

La versión es del violinista ruso Ilya Kaler acompañado de la Camerata OSG, formada por los primeros atriles de la Orquesta Sinfónica de Galicia, conducida por el director y compositor ruso de nacionalidad austriaca, Wladimir Rosinskij.
La obra dura diecisiete minutos. Como encore, Ilya Kaler nos brinda la gavota de la Partita para violín No 3.


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