martes, 30 de junio de 2015

Chopin: Vals Op 34 N° 3



Para 1838 Chopin llevaba siete años instalado en París, y ya era toda una celebridad entre la aristocracia parisiense y la nobleza polaca exiliada. Así, el 25 de febrero de ese año fue invitado a tocar al Palacio de las Tullerías para deleitar al rey Luis Felipe y su corte. No de muy buena gana asistió Frédéric pues el rey no era santo de su devoción pero a éste le encantó la velada y retribuyó el esfuerzo de Chopin con un regalo personal. Tres semanas más tarde se presentó dos veces ante un público amplio, en París y Rouen. En esta última ciudad, la interpretación de su concierto en mi menor le valió un elogioso comentario en la Gazette Musicale, que termina con las siguientes palabras:
"... Y si en adelante se sigue preguntando quién es el más grande pianista del mundo, mayor que Thalberg y Liszt, quienes te escucharon responderán al mundo entero: ¡Chopin!"

El año 1838 es el año de la partida de Chopin a Mallorca, el malhadado viaje que hará junto a George Sand y sus hijos, en octubre de ese año. Pero antes de emprender la travesía enviará a publicación las cuatro mazurcas del opus 33 y los tres valses del opus 34. Para esa etapa de su vida, a los 28 años, Chopin había escrito, aunque no publicado, ocho de sus catorce valses.

El Opus 34
Los valses del opus 34, publicados por su editor como Tres Valses Brillantes, movieron a Robert Schumann a expresarse de ellos como "valses para las almas, más que para los cuerpos", lo que hoy puede parecer una obviedad puesto que los valses de Chopin nunca fueron escritos para ser bailados, dicho esto con el mayor de los respetos por el bondadoso Schumann.

Conforman el Opus 34, el Vals Brillante N° 1 en La bemol mayor (el único "brillante" en nuestra opinión), el Vals N° 2 en La menor (el preferido de Chopin según los entendidos, y que la película El Pianista incorporó a su banda sonora), y el que aquí se presenta, el Vals N° 3 en Fa mayor, de poco más de dos minutos de duración, y apodado por algunos, algo melosamente, como el vals "del gato" debido a las notas del pasaje inicial que muy bien podrían ilustrar las cabriolas que tal mascota acostumbra para solaz de su amo.

La versión, excelente, es del pianista noruego Christian Ihle Hadland.


Amigo visitante:
Si te gustó el artículo, mucho te agradecemos si lo compartes, o más sencillamente, lo recomiendas en Google con un cómodo clic

domingo, 28 de junio de 2015

Liszt: Estudios trascendentales - Mazeppa



La consagración de Franz Liszt a la tarea de componer un ciclo de doce estudios para piano le tomó un tiempo largo, alrededor de 26 años. Bien es cierto que comenzó bastante joven, pues su primera aproximación data de la época en que tenía como alumna a la condesa Carolyne de Saint-Cricq, su primer y fallido amor. Liszt tenía por entonces 15 años, y decidió imitar los estudios en serie que eran corriente por esos días. En ellos, pese a su sencillez, se observa la simiente de su producción posterior.

Segunda versión
Una revisión de los doce estudios originales, data de 1837. Liszt estaba en la cúspide de su fama como virtuoso del piano, y por lo mismo, las piezas muestran una considerable intensificación de las dificultades técnicas, al punto que su colega Robert Schumann anotó que sólo un puñado de pianistas estaría en condiciones de interpretarlas satisfactoriamente.

Tercera versión
Franz Liszt (1811 - 1886)
La tercera y última versión es la que conocemos hoy con el título de Estudios Trascendentales, publicados en París como Études d'exécution Trascendante, en 1852, y dedicados a su maestro Carl Czerny. Quizá movido por la percepción de Schumann, en esta versión el maestro decidió alivianar un poco la carga de exigencias virtuosísticas, liberando los Études del exceso de pirotecnia de la versión de 1837, y sumando, en su provecho, más valores musicales.
Es la versión que se interpreta en nuestros días y, desde luego, los doce trozos continúan siendo un enorme desafío para los intérpretes.

"Mazeppa"
El estudio N° 4 en re menor, uno de los más exigentes, está inspirado en un poema de Victor Hugo, Mazeppa. El poema narra la historia de Iván Mazeppa, un noble cosaco que seduce a una dama también noble, pero polaca. Como castigo, es atado desnudo a un caballo salvaje que lo lleva hasta Ucrania adonde llega vivo milagrosamente. Luego de ser liberado por sus pares cosacos, es nombrado su monarca, en reconocimiento a tal proeza.
La obra, que intenta reflejar musicalmente el desbocado galope del caballo y el consiguiente sufrimiento del osado Mazeppa, suma a sus exigencias técnicas una inusual digitación propuesta por Liszt, con el propósito punzante de lograr ya sea el staccato –o el legato– precisos.

(En 1851, Liszt volverá a recrear la historia, con el mismo título, pero esta vez como parte de su ciclo de trece poemas sinfónicos, compuestos durante su estancia en Weimar.)

La versión es del excelente pianista francés Emmanuel Despax.


Amigo visitante:
Si te gustó el artículo, mucho te agradecemos si lo compartes, o más sencillamente, lo recomiendas en Google con un cómodo clic

miércoles, 24 de junio de 2015

Bach: Pasión según Mateo - Coro final



Aunque en los hechos era un organista, Johann Sebastian Bach fue esencialmente un músico de iglesia, que estaba al tanto de que la música eclesiástica era fundamen-talmente música vocal. Por ello su obra está jalonada de composiciones para ser cantadas, incluso en las épocas en que se ocupó primordialmente de la orquesta o de los instrumentos solistas. A partir de 1723, luego de ser nombrado Kantor de Leipzig, su dedicación a la música eclesiástica se hizo más intensa, pues tenía como obligación principal la composición de la música que había de cantarse en los oficios divinos.

Las Pasiones
Las cantatas eran el pan de cada día para el funcionario Bach. No así las Pasiones que, concebidas como trabajos de largo aliento sobre temas bíblicos, contaban la historia de la crucifixión de Cristo según los evangelios, y se cantaban sólo para Viernes Santo, en la tradición luterana. En las Pasiones, los personajes históricos y el evangelista (quien lleva la narración) son interpretados por solistas, y el fluir de la historia descansa sobre recitativos, arias y partes corales.

Pasión según San Mateo
Hasta donde sabemos, Bach habría compuesto al menos cinco Pasiones, de las cuales se conservan solo dos, la Pasión según San Juan y la Pasión según San Mateo. Esta última, compuesta probablemente en el año 1729 se representó por primera vez el Viernes Santo de ese año en la Iglesia de la Thomasschule, en Leipzig, bajo la dirección de Bach.
La obra, cuyo texto está basado fundamentalmente en los capítulos 26 y 27 del evangelio de Mateo, está compuesta para voces solistas, doble orquesta, y dos coros, destinados estos últimos a llevar la voz de los creyentes, por un lado, y la de quienes piden sangre, por otro, cada uno acompañado de su propio grupo orquestal, de ahí lo de la "doble orquesta".

El olvido, y Mendelssohn
Como casi toda la obra de Bach, la Pasión según San Mateo cayó en el olvido después de la muerte de su autor, en 1750. No fue sino hasta 1829 cuando volvió a escucharse, gracias a un jovencísimo Félix Mendelssohn que la llevó a escena en Berlín en una versión abreviada. Su representación animó el interés por conocer la obra completa del padre de la música moderna.

El gran coro final
En nuestros días, la película Casino (1995) de Martin Scorsese hizo una contribución importante en favor del público corriente al incluir en los créditos iniciales y en la escena final, el gran coro con que finaliza la obra, el llanto de los creyentes ante el sepulcro del Cristo muerto: Wir setzen uns mit Tränen nieder ("Llorando nos postramos"), uno de los fragmentos más conmovedores de la obra, y cuyos textos pertenecen al poeta y libretista alemán Chrystian Friedrich Henrici, también conocido como Picander.

La versión es de la orquesta y coros de la agrupación belga Collegium Vocale Gent, dirigidos por Philippe Herreweghe, su fundador.


Amigo visitante:
Si te gustó el artículo, mucho te agradecemos si lo compartes, o más sencillamente, lo recomiendas en Google con un cómodo clic

sábado, 20 de junio de 2015

Mozart: Requiem - Lacrimosa



Entre los innumerables mitos que rodean la muerte de Mozart, destaca aquél que refiere a la Muerte misma visitándolo para solicitarle que escriba su propio réquiem. Las restantes verdades a medias, alentadas en nuestro tiempo por la película Amadeus, volvieron a tomar forma durante un tiempo: el envenenamiento por la mano oculta de Salieri; la fosa común que resultó ser una tumba compartida; la ausencia de su mujer Constanza en el funeral, una costumbre de la época; la tormenta en el entierro aunque aquel día fue claro y luminoso; y por último, que murió en bancarrota... lo más cercano a la verdad porque al momento de su muerte Mozart le debía a cada santo una vela.

El mito clásico
Ahora bien, el mito clásico, el de la visita de la Muerte, cuenta con algún asidero pues el misterioso emisario enviado a casa de los Mozart por el conde Franz von Walsegg no podía ocultar su aspecto siniestro a causa de sus facciones cadavéricas. El conde, músico amateur que tenía por costumbre solicitar obras a músicos profesionales para hacerlas pasar como propias, había sufrido la pérdida de su joven esposa de veinte años en febrero de 1791. A mediados de julio, encargó a su poco apuesto secretario solicitar a Mozart la composición de una misa de requiem cuidándose de no entregar ninguna información sobre el mandante. El personaje mismo tampoco se identificó.

Mozart en 1789, dos años antes
de su muerte
Por esos mismos días, Mozart había recibido el encargo de una ópera para festejar la coronación de Leopoldo II como rey de Bohemia. La obra se llamó La Clemenza di Tito, cuyo estreno dirigió el autor en Praga el 6 de septiembre. A fines de ese mes completó la revisión de La Flauta Mágica, y a principios de octubre hizo lo propio con el Concierto para clarinete. De modo que sólo a partir de la segunda semana de octubre pudo abocarse Mozart a la escritura del Requiem, en el que trabajó hasta el 20 de noviembre cuando cayó en cama para no levantarse más.

La tarea incompleta
Mozart expiró en la madrugada del 5 de diciembre, sin haber completado el encargo. Pero el compromiso que se tenía con el mandante desconocido había que cumplirlo, así que Constanza envió los manuscritos a Joseph Eybler, fiel amigo de Mozart, quien los devolvió luego de reconocerse incapaz de continuar con la tarea del genio. Finalmente, fue Franz Xaver Süsmayr, discípulo de Mozart, quien completó la obra en marzo de 1792. Sorprendentemente, el conde von Walsegg recibió la obra terminada más de dos años después de haberla encargado, los primeros días de diciembre de 1793.

Misa de requiem
El Requiem, o misa de requiem (descanso), o misa de difuntos, de la liturgia católica es una misa votiva, es decir, una misa ofrecida por voto en una ocasión determinada independiente del calendario litúrgico. Los textos, en latín, de sus partes cantadas están prefijados, y su desarrollo contempla, tradicionalmente, las siguientes secciones: Introitus / Kyrie eleison / Graduale / Tracto / Sequentia (que, debido a la longitud del texto, tomado del himno del siglo XIII Dies Irae, algunos compositores dividen en varios movimientos, entre ellos, el pasaje conocido como Lacrimosa) / Offertorium / Sanctus / Agnus dei (cordero de Dios) / Communio.

Requiem para solistas, coro y orquesta, en Re menor, K. 626
El Requiem de Mozart contiene cinco secciones, cada una de ellas coronada por una fuga:
1  Introitus - Requiem / Kyrie
2  Sequentia (Dies Irae, Tuba mirum, Rex tremendae, Recordare, Confutatis, Lacrimosa)
3  Offertorium
4  Sanctus
5  Agnus Dei

Qué es de Mozart y qué de Süssmayr en el célebre Requiem, está hoy todavía en discusión. Pero el manuscrito autógrafo que se conserva en la Biblioteca Nacional de Austria, muestra sin apelación el Introitus completo y orquestado por la mano de Mozart, así como bocetos detallados del Kyrie, y la Sequentia terminada hasta los primeros ocho compases del Lacrimosa, más el Offertorium. El propio Süsmayr reclamó como de su autoría sólo el Sanctus y el Agnus Dei.

Lacrimosa
En versión de la Filarmónica de Berlín y el coro Wiener Singverein, dirigidos por Herbert von Karajan, se presenta aquí el último movimiento de la Sequentia, el Lacrimosa, de tan solo 3 minutos de duración (la obra completa dura aproximadamente 55 minutos, según la versión).


Amigo visitante:
Si te gustó el artículo, mucho te agradecemos si lo compartes, o más sencillamente, lo recomiendas en Google con un cómodo clic

martes, 16 de junio de 2015

Beethoven: Cuartetos "Razumovski", No 1



Hijo de un campesino ucraniano al que le cambió la vida gracias a Catalina II por favores recibidos, el joven conde Andréi Razumovski, también violinista, presumía de haber estudiado los cuartetos de Haydn con su propio autor. Por eso, en ocasiones había fungido de segundo violín en el Cuarteto Schuppanzigh que amenizaba las veladas en casa del príncipe Lichnowski, mecenas de Beethoven. En 1790, Razumovski había sido nombrado embajador del Imperio Ruso en Austria y desde entonces vivía en Viena.

Andrei Razumovski (1752 - 1836)
Con ocasión de las veladas conoció a Beethoven, y en 1805 se aventuró a solicitar al maestro la composición de una serie de cuartetos de cuerda, que si bien no especificó en número, debían necesariamente inspirarse en temas rusos o en la imitación de ellos. Para el caso de que Beethoven no estuviera suficientemente familiarizado con la música rusa, le proporcionó un buen lote de canciones populares.

Cuartetos Razumovski
Pero el maestro de Bonn poco caso hizo de las recomendaciones del personaje pese a su alta investidura y sólo incluyó temas del folklore ruso en dos de los tres cuartetos –conocidos hoy como "Cuartetos Razumovski"– que finalmente entregó al conde a fines de 1806, luego de ocho meses de trabajo –mientras simultáneamente componía la Obertura Leonora No 3 y la Cuarta Sinfonía–, sumando así tres obras más a la producción en el género iniciada en 1801 con los seis cuartetos del opus 18, dedicados al príncipe Lichnowski.

Cuarteto Op 59 No 1 en Fa mayor
El primer cuarteto de la trilogía incorpora en su movimiento final una de las melodías rusas proporcionadas por Razumovski, para quien Beethoven no escatimó títulos al redactar la dedicatoria: "[...] Conde Razumovski, Consejero Privado de Su Majestad el Emperador de todas las Rusias, Senador, Caballero de las Órdenes de San Andrés y de Alexander Nevski y Gran Cruz de Primera Clase de la Orden de San Wladimiro". Pocos años más tarde, el conde sumará a sus credenciales el título de Príncipe.

Estrenados por el Cuarteto Schuppanzigh en el palacio Razumovski, de Viena, los cuartetos del Opus 59 corrieron la misma suerte que por aquellos años experimentaron sus primeras sinfonías, provocando desazón e incomprensión en sus contemporáneos. Según se cuenta, Beethoven habría respondido a sus críticos que no habían sido escritos para ellos sino para una época futura.

Movimientos:
00       Allegro
11:30  Allegretto vivace
20:28  Adagio molto e mesto
33:14  Allegro (El tema ruso, ataca sin pausa)

La versión es de un excelente Cuarteto formado por jóvenes estudiantes del New England Conservatory, de Boston.




Amigo visitante:
Si te gustó el artículo, mucho te agradecemos si lo compartes, o más sencillamente, lo recomiendas en Google con un cómodo clic

sábado, 13 de junio de 2015

Leos Janacek: "Sonata Kreutzer"


"Sonata Kreutzer" es el subtítulo que lleva el Cuarteto para cuerdas No 1 del compositor checo Leos Janacek. Se llama así pues está inspirado en la novela de León Tolstoi que lleva ese nombre, que a su vez debe su título a la sonata homónima para violín y piano de Ludwig van Beethoven.
La historia de Tolstoi resume la triste experiencia de una chica que, luego de casar por obligación con quien no ama, busca refugio en los brazos de un amante inescrupuloso, lo que la conducirá a la muerte. Janacek "musicalizó" esta historia, con la intención de rendir homenaje a las damiselas que durante su vida nunca encontraron al verdadero bienamado.

Leos Janacek
Nacido en Hukvaldy, Moravia, en el seno de una familia muy modesta, Leos Janacek fue un niño prodigio que debió aguzar el ingenio para desarrollar sus talentos. Se cuenta que durante sus estudios de piano y órgano en Praga, durante los años 70, al no disponer de piano propio, decidió practicar sobre un teclado dibujado sobre su escritorio. Pese a todo, en 1875 terminó sus estudios de manera brillante y con las mejores calificaciones. Al año siguiente, comenzó a ganarse la vida en Brno como maestro de música y director de coros.

Leos Janacek (1854 - 1928)
Autor de ocho óperas
Leos Janacek es un autor difícil de clasificar, pues aunque formado musicalmente en el siglo XIX su música aparece como más propia del siglo veinte, debido, quizá, a que su evolución fue lenta hasta el momento en que llegó a consolidar un estilo propio. Autor de ocho óperas, destaca entre ellas Jenufa, de 1904, y entre sus composiciones orquestales, sobresale el poema sinfónico Taras Bulba, de 1918.

Cuarteto para cuerda No 1 - "Sonata Kreutzer"
Al final de su periodo creativo, Janacek abordó la música de cámara entregando dos excepcionales creaciones: los dos cuartetos para cuerdas, el primero de ellos de 1923 (el segundo, de 1928) y que aquí se presenta en versión de la agrupación de cámara checa Kubin Quartet, durante una presentación en vivo en Ostrava, República Checa, el año 2013.

Movimientos:
00       Adagio - Con moto
04:00  Con moto
07:56  Con moto - Vivace - Andante
11:38  Con moto - Andante


Amigo visitante:
Si te gustó el artículo, mucho te agradecemos si lo compartes, o más sencillamente, lo recomiendas en Google con un cómodo clic

viernes, 5 de junio de 2015

Bolero de Ravel - A cappella



La expresión musical a cappella denota la música que se canta sin instrumentos acompañantes. Y significa "al modo de la capilla", pues proviene de los tiempos en que la música que se escuchaba en las iglesias era solamente cantada. Se opone así a la cantata que, desde luego, se canta, pero acompañada de instrumentos. Un destacado ejemplo de música a cappella lo constituye el canto gregoriano, propio del ritual católico, nacido alrededor de los siglos IX y X.

The Swingle Singers
En el siglo XX, una agrupación vocal nacida en 1962 de una idea del vocalista estadounidense Ward Swingle fue un poco más allá. No sólo se desprendió de los instrumentos sino que se propuso reemplazarlos mediante onomatopeyas y la técnica vocal conocida como scat singing. Son los celebérrimos Swingle Singers nacidos en Francia en 1962 y, luego de su disolución, renacidos en Londres en 1973, y vigentes hasta hoy.
Uno de sus trabajos más célebres fue su versión del aria en sol de la Suite N° 3 de Bach, tarea que hoy les resultaría un juego de niños si se la compara con lo que más tarde fueron capaces de hacer con, por ejemplo, la versión vocal de la Obertura 1812 de Tchaikosvki o la del no menos célebre Bolero, de Maurice Ravel.

Bolero de Ravel, a cappella
Actualmente, el grupo lo conforman siete miembros: dos sopranos, una contralto, dos tenores, un barítono y un bajo. Aunque ocasionalmente pueden apoyarse en un contrabajo y alguna percusión, la versión del Bolero que aquí se presenta es enteramente a capella. Sólo siete personas han sido capaces de crear esta sorprendente versión de ocho minutos de la popular pieza de Ravel (la versión original dura diecisiete, aprox.).
Y si alguien se ha preguntado qué es exactamente el patrón rítmico –o melódico– conocido como ostinato, no tiene más que poner atención a los bajos que se escuchan limpiamente al inicio de la pieza, y que, como ostinato que es, se mantendrá sin variación ni tregua hasta el final.


Amigo visitante:
Si te gustó el artículo, mucho te agradecemos si lo compartes, o más sencillamente, lo recomiendas en Google con un cómodo clic

lunes, 1 de junio de 2015

Chopin: Nocturno Opus 27 No 1



El profesor Frédéric Chopin
Mientras vivió en París, desde 1831 hasta su muerte en 1849, los mayores ingresos de Chopin provinieron de sus lecciones privadas. Dado que el renombrado profesor Kalkbrenner (de quien rehusó tomar clases) cobraba 25 francos la hora, Chopin optó por honorarios más modestos, y hasta antes de intimar con George Sand en 1838 (que sugirió 30), el maestro polaco solo cobraba 20. Aun así, sus ingresos anuales durante los primeros años en París bordeaban los doce mil francos en promedio, a los que agregará más tarde una miseria por la venta de su música a sus editores (17.000 francos en total por la obra de toda su vida) más un par de conciertos que, ocasionalmente, dejaron algún beneficio.

Los pupilos
Sus alumnos eran en su mayoría damas, un buen número aficionadas aunque también tuvo pupilos de mayor talento. Condesas, baronesas y niñas aristócratas acudían a la vivienda que en la ocasión albergaba al maestro (tuvo nueve domicilios en París) y que debía estar alhajada de tal modo que no desentonara con el abolengo de su pupilaje. Con mayor razón, él mismo debía vestirse como un dandy para estar a la altura. Unas breves palabras a un amigo dan cuenta, a un tiempo, de su relativo buen pasar y su necesidad de acicalamiento personal:
"Hoy tengo que dar cinco lecciones ¿acaso crees que gano fortunas? Desengáñate, el cabriolé y los guantes blancos cuestan más de lo que gano... pero no sería de buen tono carecer de ellos."
Nocturnos del Opus 27
Al parecer, la condesa de Appony, esposa del embajador de Austria, no se contó entre sus alumnas pero tuvo a Chopin como invitado frecuente a sus salones. En retribución a tanto agasajo, suponemos, a ella están dedicados los dos nocturnos del Opus 27, escritos en 1836 y publicados en París en 1837.
Corresponden a la tercera serie publicada del total de veinte nocturnos, tras los tres primeros del opus 9 y los tres del opus 15. A partir del opus 27, Chopin enviará a publicación los nocturnos en grupos de solo dos.

Nocturno Opus 27 No 1, en Do sostenido menor
El primer nocturno de la serie es considerado por los estudiosos como la perla de la colección, "el sueño más ferviente que Chopin haya confiado al piano" (aunque el segundo, opus 27 No 2 tampoco le va en zaga). Estructurado en la forma ABA con coda, el canto descansa sobre una mano izquierda arpegiada, común a la mayoría de los nocturnos, y que constituye una de las innovaciones más notables que el piano de Chopin haya entregado al mundo. La sección central, abiertamente apasionada, añade el necesario contraste.

La versión, excelente, es de la brillante pianista ucraniana Valentina Lisitsa.


Amigo visitante:
Si te agradó el artículo, mucho te agradecemos si lo compartes, o más sencillamente, lo recomiendas en Google con un cómodo clic