martes, 29 de diciembre de 2015

Chopin: Estudio Op 10 No 4



En una carta escrita en el otoño de 1829, Chopin señalaba a un amigo que acababa de terminar la composición de un estudio "en mi propio estilo". Efectivamente, el autor, por entonces de diecinueve años, tomará distancia de las composiciones en el género salidas de la pluma de sus predecesores, con la producción de sus 24 Estudios divididos en dos volúmenes, el Opus 10 (dedicado a Franz Liszt) y el Opus 25 (dedicado a Marie d'Agoult, compañera de Franz por esos años).

Publicados ambos en París, el primer volumen en 1833 y en 1837 el segundo, los Estudios de Chopin son mucho más que un conjunto de piezas para piano técnicamente exigentes destinadas a conseguir la indispensable destreza en el instrumento. Muy por el contrario, el "estilo propio" del autor generó 24 piezas de inagotable belleza melódica y armónica, repletas de colores, texturas y estados de ánimo diversos. A ellos se suman tres estudios sin número de opus publicados en 1840.

Estudio Opus 10 No 4
Escrito en la tonalidad de Do sostenido menor, marcado presto con fuoco (muy rápido, fogosamente), es uno de los más difíciles del Opus 10, y quizá de la obra completa. De duración inferior a dos minutos, es posible sin embargo distinguir en él cuatro secciones. Luego de la introducción de un primer tema, la pieza progresa aceleradamente hacia un segundo tema, breve, en 0:16. Regresa el primer tema en 0:22, y luego en 1:05, avanzando hasta el clímax en 1:31, seguido por la coda, con gran ímpetu. La pieza finaliza con dos dramáticos acordes fortissimo.

La versión es de la excelente pianista ucraniana Valentina Lisitsa.


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martes, 15 de diciembre de 2015

Ignaz Paderewski: Minueto en Sol



En 1884 el pianista polaco Ignaz Jan Paderewski tenía veinticuatro años cuando decidió profundizar sus estudios para mejorar su técnica con el renombrado pianista y pedagogo polaco Theodor Leschetizky. Pero cuando éste lo escuchó, solo atinó a refunfuñar: "Demasiado tarde, demasiado tarde". Paderewski se había graduado del Conservatorio de Varsovia hacía seis años, y luego había sido contratado como profesor de piano en su alma máter, pero su "pianismo" requería ser pulido en un grado no menor si pretendía convertirse en un virtuoso. Como, con todo, en él había talento de sobra, luego de intensos tres años de estudio con el renombrado maestro, Paderewski  logró transformar una habilidad lúcida en un virtuosismo de clase mundial.

Ignaz Paderewski (1860 - 1941)
Retrato de 1887
El músico
Su debut como virtuoso ocurrió en Viena, en 1888. Fue el comienzo de una carrera que le reportó fama mundial. A continuación vinieron presentaciones exitosas alrededor de todo el mundo: Nueva York, Londres, luego giras por todo Estados Unidos y Canadá, a las que se sumaron tours por Sudamérica, Australia, Nueva Zelandia y Sudáfrica, sin olvidar desde luego sus presentaciones en casi todas las ciudades europeas, cosechando un éxito enorme y quizá replicando el efecto cautivador que hacía cincuenta años Franz Liszt había sido capaz de generar en las audiencias.

El político
Pero Paderewski no solo fue músico. También incursionó en la vida social y política. En 1919 fue elegido Primer Ministro de la recién estrenada Polonia independiente y en esa calidad agregó su firma al Tratado de Versalles. Retomó su carrera de concertista en 1922, y ya anciano y frágil recolectó fondos para la causa polaca en la antesala de la invasión nazi a Polonia.

Obra
Desde fines de la década de los años 80 hasta entrado el nuevo siglo, un manojo de composiciones mayores había salido también de su pluma: un concierto para piano, una sinfonía, una ópera y una sonata para piano. Pero de toda su producción la pieza de mayor presencia hoy es el Minueto en Sol, la primera de seis breves piezas que integran sus Humoresques de Concert, op. 14, de 1887. El minueto, una pequeña joya compuesta en 1884, consiguió un éxito inmediato pero a la vez trajo consigo un velo sobre las ya nombradas obras de mayor alcance.

La versión (el vídeo contiene también un nocturno de la misma época), es del pianista ruso Eduard Kunz, durante su participación en el Concurso Internacional de Piano Arthur Rubinstein, en 2011.


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jueves, 10 de diciembre de 2015

Haendel: "Largo", de Xerxes


Georg Friedrich Haendel se instaló definitivamente en Londres el año 1712. Tenía entonces 27 años y permanecerá allí construyendo una prolífica carrera como compositor y empresario, hasta su muerte en abril de 1759, superando no pocos vaivenes y reveses que debió enfrentar en su faceta de empresario y logrando pese a todo transformarse en el máximo exponente de la ópera inglesa de su tiempo.

Aunque no siempre fueron acogidas favorablemente por el público, en los treinta años que van desde 1710 hasta 1740, el fecundo compositor alemán escribió ni más ni menos que 40 óperas. Incluso después del rotundo fracaso en 1737 de su tercera incursión como formador de compañías operísticas, tuvo ánimo para componer un par de óperas de corte italiano, la más famosa de ellas una suerte de comedia, cuyo protagonista es un rey de Persia, Xerxes, y de quien toma su nombre la ópera.

Xerxes, la ópera
Su estreno, en 1738, fue un fracaso comercial. Sólo alcanzó las cinco representaciones. La obra confundió al público y la crítica, de manera diversa. Algunos la consideraron ópera bufa, otros una comedia farsesca e incluso un colega añadió que parecía el producto de una "mente enferma".
Con todo, la obra incorpora una de las más famosas arias escritas por Haendel, la célebre Ombra mai fu ("Nunca hubo sombra más querida, más encantadora, más dulce", continúa el verso), popularmente conocida como Largo de Xerxes, aun cuando se trata de un larghetto y no de un largo.

El aria pertenece a la primera escena del Acto I. El rey Xerxes le canta embelesado a la sombra de un árbol, la de un plátano oriental, para más señas. Escrita originalmente para soprano castrato hoy se canta generalmente, si varón, por un contratenor, si dama, por una contralto o mezzosoprano. Existen, además, innumerables versiones para diversos instrumentos.

Se presenta aquí una extraordinaria versión a cargo del contratenor alemán Andreas Scholl, con cuyo timbre nos hace testigos de un milagro, el de la voz humana.


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sábado, 5 de diciembre de 2015

Beethoven: Concierto piano y orq. No 2



Cuando Beethoven compuso su primer concierto para piano y orquesta tenía casi la misma edad que Chopin cuando éste abordó también su primera obra en el género.
Y en ambos casos, esta primera composición terminó convirtiéndose "oficialmente" en el Concierto No 2 en vez del No 1. La razón estriba, naturalmente, para ambos, en la fecha de publicación de las obras. El concierto No 2 de Beethoven fue publicado en 1801, después del No 1, aun cuando el No 2 había sido compuesto más de diez años antes, al menos sus dos primeros movimientos.

La conquista de Viena
Algún tiempo después de instalarse definitivamente en Viena en noviembre de 1792, Beethoven advirtió que para cautivar al público vienés no sólo debía mostrarse como el hábil pianista que era sino también como compositor, aunque fuera en ciernes –si ello pudiera decirse del maestro de veintidós años. Para ello, debía reunir un buen número de composiciones de su autoría, completamente nuevas o no audicionadas por un público amplio, para enfrentar la etapa en que debía concretarse su debut ante al público vienés.

Busto de Beethoven realizado
según máscara en vida
(1770 - 1827) 
De modo que junto a su aspiración de convertirse en un maestro del contrapunto –para lo que tomó clases con Haydn y otros maestros–, durante tres años Beethoven hizo acopio de obras propias en diversos géneros –para piano solo, piano con acompañamiento, para cuerdas, canciones y conciertos para piano– con el firme propósito de abordar la conquista de Viena por todos los flancos posibles.
El debut se concretó un fin de Semana Santa, el domingo 29 de marzo de 1795, en el Burgtheater de Viena, que estaba disponible para realizar conciertos instrumentales pues la fe católica de los Habsburgo no permitía las representaciones teatrales durante la Cuaresma.

Concierto para piano y orquesta en si bemol, op 19
Todavía hoy se discute si el "nuevo concierto" presentado en la ocasión fue el No 1 o el No 2, si bien la mayor parte de las opiniones se inclinan por que se trató del segundo, compuesto muchos años antes que el "primero", entre los años 1787 y 1789. Al menos así ocurrió respecto de sus dos primeros movimientos, como ya se indicó, porque para la presentación de 1795 Beethoven reescribió el movimiento final, modificación surgida en el marco de sus estudios con Haydn. Tres años más tarde, para una presentación en Praga, el compositor volvió a revisar la obra, escribiendo otro final para la ocasión, finalmente desechado porque la versión publicada en 1801 y la que ha llegado hasta nosotros es aquella que se escuchó en Viena en 1795, según los testimonios más fiables.

Aunque considerada por los estudiosos (opinión a la que se sumaba el mismo Beethoven) una obra más bien débil y convencional, claramente tributaria de Haydn y Mozart, contiene como un todo un sentido del drama y los contrastes que anuncia de modo manifiesto al maestro magnífico de los conciertos posteriores. De seguro, su hermoso Adagio habrá provocado una profunda impresión en el público presente aquel domingo de Semana Santa.

Movimientos:
00       Allegro con brio
13:58  Adagio
24:11  Rondo. Molto allegro

La versión es de un jovencísimo Vladimir Ashkenazy, acompañado de la London Philarmonic Orchestra, conducida por Bernard Haitink. Royal Festival Hall, Londres, 1974.


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lunes, 30 de noviembre de 2015

Béla Bartók: Música para cuerdas, percusión y celesta



Poco después de graduarse del Conservatorio de Budapest en 1901, el compositor, aclamado pianista, educador y etnomusicólogo de origen húngaro Béla Bártok, entonces de 20 años, se embarcó con su amigo, colega y connacional Zoltan Kodaly, en uno de los más notables estudios de campo en la historia de la etnomusicología. Juntos, recorrieron Hungría y las regiones vecinas, recopilando cientos de auténticas melodías y ritmos populares. Este interés de Bártok por la música folklórica de Europa Oriental no disminuirá con los años, por el contrario, se mantendrá por décadas ejerciendo una influencia decisiva en su lenguaje musical, especialmente desde el punto de vista rítmico.

Béla Bártok, de 20 años
(1881 - 1945)
La carrera profesional de Bártok, sin embargo, no se vio circunscrita a la composición y a la investigación etnomusical. Su extraordinaria habilidad como pianista le reportó una muy merecida fama, aunque por un tiempo, acotada a su país natal. Pero el éxito que luego cosechó como concertista en la Europa de los años 20 se verá ensombrecido por las dificultades que comienzan a surgir en la delicada atmósfera política de la Hungría de aquellos años. Para la década del treinta, el fantasma del fascismo se muestra cada vez más siniestro, y el compositor decide emigrar, luego de rehusarse a tocar en Alemania. En octubre de 1840 se embarca junto a su esposa hacia los Estados Unidos. Allí morirá en Nueva York, ya terminada la guerra, el 26 de septiembre de 1945.

Curiosamente, los años previos al estallido de la Segunda Guerra Mundial constituyen una etapa de gran productividad en lo que atañe a la construcción de su catálogo orquestal. De esos años son su Concierto No 2 para violín, el Divertimento para orquesta de cuerdas, la Sonata para dos pianos y percusión, y la pieza que se constituirá en una de sus obras maestras indiscutibles: la Música para cuerdas, percusión y celesta, de 1936.
Escrita para su amigo y admirado director suizo Paul Sacher, la obra explora con gran refinamiento y maestría los conceptos musicales que Bártok venía desarrollando desde mediados de los años veinte, especialmente las posibilidades percusivas del piano, incorporado aquí a la masa orquestal en su carácter de instrumento de cuerdas percutidas. La obra es originalísima en su sonoridad, proporcionada por la presencia de un doble grupo de cuerdas y la inclusión de instrumentos de teclado y percusión raramente usados en conjunto, amén de las altas exigencias a la percusión, incluido un glissandi del timbal al inicio del Adagio.
En la cultura popular, destaca la utilización de este movimiento, el adagio, en la película El Resplandor, de Kubrick.

Movimientos:
00       Andante tranquillo
06:58  Allegro
14: 30 Adagio
21:44  Allegro molto

La versión es de la Colorado College Music Festival Orchestra, conducida por Scott Yoo.


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domingo, 22 de noviembre de 2015

Arriaga: "Los Esclavos Felices" - Obertura



El 27 de febrero de 1806, exactamente 50 años después del nacimiento de Mozart, vino al mundo en la ciudad vasca de Bilbao, España, el compositor Juan Crisóstomo Arriaga, mentado por esos años como "el Mozart español" debido a su precoz inteligencia musical y, desde luego, a la coincidencia ya mencionada, amén de su prematura muerte pues el joven músico no llegó a cumplir los veinte años, muriendo de una infección pulmonar diez días antes.

Juan Crisóstomo Arriaga
(1806 - 1826)
A los catorce años Arriaga era ya un habilidoso violinista, si bien no se puede asegurar si sus capacidades técnicas eran una habilidad innata o producto de las enseñanzas de algún maestro desconocido que quizá tuvo en Bilbao.
Lo cierto es que a los quince años fue aceptado en el Conservatorio de París para continuar sus estudios de violín, y sumar los necesarios conocimientos en contrapunto y armonía. Dos años más tarde, ganaba el segundo premio del Conservatorio en fuga y contrapunto, y muy poco después se convirtió en profesor asistente de un curso de armonía.

Sus obras
No es de extrañar entonces que a los dieciocho años ya hubiera compuesto tres cuartetos de cuerda, y comenzado a incursionar en la música vocal y coral, acometimiento del cual surge su Stabat Mater como uno de sus más logrados trabajos a gran escala. Sus dos últimos años de vida estuvieron destinados a terminar su extensa Sinfonía en Re mayor.
Escasa, desde luego, fue su producción musical, y ello le costó el olvido durante casi ochenta años, hasta que a fines del s. XIX estudiosos repararon en esta gran promesa musical que simplemente no alcanzó a dar todo de sí.

Los Esclavos Felices
Entre sus primeros trabajos, aquellos que le valieron con justicia el título de niño prodigio, sobresale una ópera, de título Los Esclavos Felices, compuesta y producida en Bilbao cuando el autor contaba con solo trece años. Cuando la obra llegó a conocimiento de sus profesores en el Conservatorio, no pudieron éstos sino señalar que el joven Arriaga había compuesto "una ópera española repleta de ideas originales y riqueza armónica sin haber contado para ello con conocimiento alguno de armonía".

De clara influencia italiana y tributaria del más puro clasicismo vienés, se presenta aquí la obertura, en versión del conjunto de cámara Il Fundamento, dirigido por su creador, el oboísta belga Paul Dombrecht.


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domingo, 1 de noviembre de 2015

César Franck: Sonata para violín y piano


Cubiertas sus cabezas por un gorro frigio, César-Auguste-Jean-Guillaume-Hubert Franck y su novia y ex alumna Eugénie Desmousseaux atravesaron las calles de París el 22 de febrero de 1848 a fin de arribar sanos y salvos a la iglesia donde contraerían matrimonio. El gorrito tenía por objeto sortear con éxito las barricadas y las fogatas que los revoltosos habían instalado por toda la ciudad para forzar el desplome de Luis Felipe I, también llamado "el rey de las barricadas" pues a través de ellas llegó al trono y a causa de las mismas debió abandonarlo.

Los orígenes
Nacido en Lieja, Bélgica, en diciembre de 1822, César Franck, junto a su hermano Joseph, llegó a París en 1835 con apenas trece años de la mano de su padre quien aspiraba a que sus dos retoños fueran allí reconocidos como grandes virtuosos a la manera en que Liszt y Paganini ya lo eran. No era mucho pedir puesto que al menos César venía de realizar exitosas aunque breves giras en las que había dado innegables muestras de su extraordinaria habilidad con el piano.

Las aspiraciones del padre
Al igual que no pocos progenitores en la historia de la música (Leopold Mozart el más conspicuo), el padre de Franck sometió a su hijo a extenuantes jornadas de trabajo, imponiéndole tras su ingreso al Conservatorio de París la composición de al menos una obra al año para que con ella se presentara en público facilitando así el reconocimiento de su talento entre los círculos musicales parisinos. Tal aspiración no dio frutos en la medida que el padre esperaba y al cabo de diez años el compositor decidió rebelarse, abandonando la tutela paterna y formando su propia familia al contraer matrimonio con la mentada Eugénie en medio de la revuelta liberal y obrera de febrero de 1848.

Organista de iglesias
César Franck (1822 - 1890)
Los años por venir fueron hoscos. Con escasa producción y relegado al papel de pianista acompañante, también organista de un par de iglesias de París, Franck y su familia llevaron una vida oscura y de escaso brillo durante diez años hasta que en 1858 le fue ofrecido hacerse cargo de un moderno y grandioso órgano en la iglesia de Santa Clotilde, puesto en el que se desempeñó con placer y compromiso hasta el final de sus días.

El renacer
Fue el comienzo del renacer de su vida como músico, cuando vio por fin abiertas las puertas de las salas de concierto y se inició la etapa en que vieron la luz sus obras maestras, entre las que sobresalen el Preludio, coral y fuga, de 1885, las Variaciones Sinfónicas, de 1886, y la bellísima Sonata para violín y piano, de 1887.

El maestro
En el ocaso de su vida, César Franck produjo música como nunca antes, intentando quizá recuperar el tiempo perdido, y esta vez sí hubo frutos, principalmente como maestro, constituyéndose en el músico que iniciará la incorporación de la música francesa a la gran tradición europea que, pasando por D'Indy, Chausson, Dukas y otros tantos discípulos o continuadores va a culminar a finales de siglo o comienzos del siguiente con la aparición de las figuras insignes de Debussy o Ravel.

Sonata para violín y piano en La mayor
Compuesta como regalo de bodas para su amigo el violinista belga Eugene Ysaÿe, quien la interpretó durante las celebraciones matrimoniales y se transformó luego en su principal difusor, la pieza es una soberbia síntesis de tres rasgos que el compositor cultivó con ardor en la última etapa de su carrera: la tradición clásica vienesa, la "forma cíclica" (el tema principal reaparece, convenientemente variado, en cada movimiento, forma que algunos han postulado como de su invención) y el riquísimo, característico y muy personal lenguaje armónico del autor.
Movimientos:
00       Allegretto ben moderato
06:11  Allegro
14:30  Recitativo - Fantasia. Ben moderato - molto lento
21:46  Allegretto poco mosso

La versión es de la violinista holandesa Frederieke Saeijs y la pianista georgiana Nino Gvetadze.


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jueves, 15 de octubre de 2015

Boccherini: "Música nocturna de Madrid"



Luigi Boccherini, nacido en Lucca, Italia, el 19 de febrero de 1743, recorrió media Europa antes de asentarse definitivamente en España poco después de cumplir los 25 años. De 1757 a 1765 había vivido en Viena, con esporádicas escapadas a su natal Lucca. En 1767 llegó a París donde, no obstante su ya extendida fama como violoncellista, su estancia no duró mucho. Así, al año siguiente ya estaba en España, donde vivió, entre Madrid y Ávila, hasta su muerte el 28 de mayo de 1805.

En París había formado un grupo de cámara que incluía como violinista a su amigo Filippo Manfredi, natural de Lucca como él. Y con Filippo fue que se largó a Madrid, animados ambos por el venturoso panorama que el fantasioso embajador español en Francia les presentó sobre la vida musical en Madrid, donde la competencia, eso era cierto, se mostraba muy inferior a lo que ambos habían experimentado en París, ciudad que pese a todo les había brindado una buena acogida.

Luigi Boccherini (1743 -1805)
En Madrid
La vida musical de Madrid no hizo más que decepcionarlos. Había menos competencia, desde luego, pero eso era reflejo, simplemente, de que la ciudad se encontraba alejada de los círculos habituales de artistas del continente europeo. Sin embargo, y curiosamente, Luigi Boccherini vivirá allí nada menos que 37 años, buena parte de ellos al servicio de su protector, el infante Luis de Borbón, hermano de Carlos III.

En Ávila
Separado de la corte por contraer matrimonio morganático, el infante Luis partió a Ávila con sus músicos de cámara, Boccherini incluido. El maestro se dolía a diario de su aislamiento de los círculos musicales madrileños y no le quedó más que dedicar gran parte de su tiempo a la composición de música de cámara, único género para el que contaba con intérpretes. De aquellos años son algunos de sus quintetos más interesantes, el más popular, el Quinteto de la música nocturna de Madrid, donde vierte, cautivadoramente, su añoranza de los sonidos de la calle en la noche madrileña.

Quinteto para dos violines, viola y dos violoncellos, en Do mayor
La obra, que lleva el título La musica notturna delle strade di Madrid, dobla los violoncellos y no las violas, conforme a la formación predilecta del maestro. Cómo no, si él era violoncellista.
La pieza, escrita en la tonalidad de Do mayor, presenta cinco movimientos. Dos breves pasajes a modo de interludios separan el primer movimiento del segundo, y el cuarto del último. Cada movimiento representa una escena diferente, pero todos comparten una estructura poco "clásica" o tradicional, lo que hace a la pieza bastante inusual, incluso para el mismo Boccherini, quien se rehusó en principio a publicarla pues consideraba que nadie que no fuera madrileño podría comprenderla.

I     00       Le campane dell'Ave Maria (llamado a los fieles para rezar el Ave María)
II   01:20  Minuetto dei Ciechi (Minueto de los Ciegos, contiene la indicación del autor para que los violoncellistas coloquen el instrumento sobre sus rodillas y los "rasgueen" como si fueran guitarras).
III  03:21  Il Rosario
IV  07:55  Passacalle (trozo también conocido como "Los Manolos", en alusión a viandantes populares)
V   10:16  Ritirata (los militares se retiran a sus cuarteles, terminada su vigilia nocturna).

La versión, sólo audio pero con instrumentos de la época, es de la agrupación de cámara Le Concert des Nations, dirigida por Jordi Savall.


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martes, 13 de octubre de 2015

Haydn: Sinfonía No 101, "El Reloj"


Desde la muerte del "Bach de Londres", Johann Christian Bach, en 1782, la música de Franz Joseph Haydn en esa ciudad había ido en ascenso progresivamente hasta llegar a un punto en que "difícilmente se producía un concierto que no contara con alguna pieza de su autoría", según señala un historiador de la época. En consonancia con ello, numerosos habían sido los esfuerzos por lograr la visita del ilustre compositor, los que siempre toparon con la negativa de Haydn, debido a que el maestro no quería por nada del mundo incomodar a su patrón Nikolaus Esterhazy, a quien sirvió por más de treinta años, en calidad de kapellmeister, aunque fuera en la corte de un remoto palacio aislado en la campiña húngara.

Un nuevo patrón
Pero con la muerte de Nikolaus, en 1790, las responsabilidades del maestro se vieron aliviadas. Sucedió a Nikolaus su hijo Anton, un príncipe poco dado a las artes que se desprendió de la mayoría de los músicos, si bien conservó a Haydn en su cargo, aumentándole incluso la pensión, y sin pedir nada especial a cambio. Ante el nuevo escenario, Haydn aprovechó de largarse a Viena en cuanto pudo. Al poco tiempo, se apersonó en su casa el violinista nacido en Bonn, Johann Peter Solomon, quien estaba haciendo carrera en Londres como organizador de conciertos y bramaba por el concurso de Haydn. El maestro no pudo negarse: las condiciones eran magníficas. Así, a los 58 años, Haydn abandonó por primera vez su país natal: el primero de enero de 1791 cruzaba el canal y veía el océano por vez primera.

En Londres
F.J. Haydn (1732 - 1809),
retrato de 1792
La estadía en Londres resultó en una seguidilla de éxitos rotundos, desde el punto de vista profesional y financiero, al punto que la visita hubo de repetirse dos años más tarde. Fruto de aquellas dos estadías son las llamadas "Sinfonías de Londres", doce en total y que constituyen el punto más alto de la creación sinfónica del maestro. Entre ellas se cuentan varias de las más populares nacidas de su pluma, por ejemplo, la sinfonía "La Sorpresa" (No 94), la "Militar" (No 100) y la llamada "El Reloj" (No 101), estas dos últimas pertenecientes a la segunda serie londinense, es decir, producto del segundo viaje, en los años 1794-95.

Sinfonía No 101, en re mayor, Hob 1:101, "El Reloj"
(Hob, por Antony van Hoboken, autor del catálogo)
Su título popular proviene de las corcheas del movimiento lento, Andante, que se suceden acompasadamente con la regularidad de un reloj. Su estreno tuvo lugar en Londres el 3 de marzo de 1794 como parte de una serie de conciertos con obras de Haydn organizada, naturalmente, por su colega y amigo Salomon. La obra fue aplaudida con el entusiasmo habitual con que eran recibidos los trabajos del "incansable, maravilloso y sublime Haydn", como lo llamó en la ocasión un periódico londinense.

Sus movimientos son cuatro, lo usual para una sinfonía:
00       Adagio - Presto
08:42  Andante
16:23  Minuetto - Allegretto
23:53  Vivace

La versión es de la Orquesta Sinfónica de Galicia, dirigida por Richard Egarr.


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domingo, 11 de octubre de 2015

Mozart: Sonata para piano No 2, K 280



El segundo viaje a Viena de Leopold Mozart y su hijo Wolfgang Amadeus fue de tan escaso provecho como el primero. Acompañando a su patrón el príncipe-arzobispo Colloredo llegaron allá en pleno verano de 1773, visitaron a profesores y músicos de la corte, incluso la emperatriz tuvo a bien recibirlos pero conseguir una plaza en la corte imperial no fue posible.
Los escasos frutos ya comenzaban a hacerse habituales para la familia Mozart, y así lo refleja Leopold en carta a su mujer: "... Su Majestad la emperatriz fue muy amable con nosotros, pero eso fue todo".

De regreso en Salzburgo
Y como habituales que eran, los escasos frutos, Leopold y Wolfgang retomaron la vida en Salzburgo como si nada. Mejor aún, tomaron algunas decisiones importantes: se mudaron de casa, a una más amplia y cómoda, en la parte nueva de la ciudad. Como consecuencia de ello, sus amistades subieron de rango; a fin de cuentas, venían de cumplir una visita a la corte de Viena, donde habían sido saludados por la emperatriz.

Retrato anónimo de Mozart,
de 1777
Estos meses de provinciana paz familiar se tradujeron en una importante serie de composiciones. Destacan entre ellas las cinco sonatas para piano, K. 279 a la K. 283, aunque algunos estudiosos datan estas composiciones el año siguiente, 1775, durante los tres meses que el joven maestro de 19 años permaneció en Münich, con ocasión del estreno de su ópera bufa La Finta Giardiniera, obra compuesta a pedido de la corte, con la que, dicho sea de paso, obtuvo un éxito formidable.

No obstante el maestro contaba a estas alturas con una gran experiencia creativa, este primer grupo de piezas pianísticas es el primer intento, de envergadura, que el joven Mozart emprendió en el género de las sonatas para piano, para el que va a componer, en total, veinticinco obras.

Sonata No 2 en Fa mayor, K. 280 - Movimientos
La influencia de Haydn es clara, sobre todo en los movimientos externos. El segundo movimiento es el más mozartiano, una melodía tierna y melancólica en Fa menor, que se extiende por casi diez minutos. Valga como anotación curiosa, de todas las sonatas de Mozart es el único movimiento lento escrito en tonalidad menor.
Los movimientos son tres, estructurados a la manera típica, italiana: rápido-lento-rápido.
00        Allegro assai
07:09  Adagio
16:50  Presto

La versión, grabada en vivo, es del maestro ruso Sviatoslav Richter.


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viernes, 9 de octubre de 2015

Villa-Lobos: Bachiana brasileira No 5



La madre del compositor brasileño Heitor Villa-Lobos fue una buena pianista pero no comulgaba con la idea de que su hijo se dedicara profesionalmente a la música, cuando éste era un niño. Y su padre, también un aficionado talentoso, murió antes de que Heitor cumpliera los diez años. De modo que tuvo que ser una tía, Zizinha Monteiro, quien ejerciera la influencia decisiva en la formación juvenil del futuro compositor.

Zizinha, también pianista y ferviente admiradora de Bach y gran entusiasta del Clave Bien Temperado, tenía por tradición organizar en su casa cada sábado verdaderos conciertos familiares, saludados con entusiasmo por vecinos y amigos. Fue en esa atmósfera donde el niño Villa-Lobos conoció a JS Bach, a quien llamará más tarde ni más ni menos que "el manantial folklórico universal", y a quien, ya maduro, rendirá homenaje con sus famosas Bachianas Brasileiras.

Heitor Villa-Lobos (1887 - 1959)
Las nueve Bachianas Brasileiras
Como su título lo sugiere, las nueve Bachianas, compuestas entre 1930 y 1945, tienen como fuente de inspiración a Johann Sebastian Bach en novedosa amalgama con la herencia brasileña del compositor.
Se trata de un conjunto de obras singularmente variadas, tanto en su aspecto formal como en la disposición instrumental.
Así, las hay para ocho violoncellos (la No 1, dedicada a Pau Casals), para orquesta de cámara (la No 2), y para flauta y fagot (la No 6), entre otras formaciones.

Bachiana No 5
La más célebre de ellas es la Bachiana No 5, compuesta para voz y ocho cellos, y cuya génesis se enmarca entre los años 1938 y 1945. Conforman la pieza dos movimientos, el Aria (Cantilena) y la Danza (O Martelo). Del primero de ellos –la Cantilena– la cantante Victoria de Los Angeles grabó en los años 60 una versión que hoy es legendaria y que consiguió para la pieza su hasta hoy innegable popularidad.

Se presenta aquí en versión de la soprano portorriqueña Ana Maria Martínez, acompañada por solistas de la Filarmónica de Berlín, dirigida por Gustavo Dudamel.
En la repetición del tema, la solista debe cantar "a bocca chiusa", es decir, con la boca cerrada, como si murmurara o tarareara. Lo difícil será, obligada a ello, hacer eso con la última nota.


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sábado, 3 de octubre de 2015

Beethoven: Obertura "Egmont"



El incidente de Teplice
Bettina von Arnim, de soltera Brentano, fue una escritora algo fantasiosa que tuvo la suerte de conocer a Beethoven y Goethe, amén de a muchos otros artistas de la época. Según contó –veinte años después de los hechos– fue ella quien concibió el encuentro de ambos artistas universales en la pequeña ciudad termal de Teplice, en julio de 1812, cuando Beethoven pasó allí el verano para seguir los tratamientos prescritos por sus médicos. Y es ella también la que narra el famoso incidente, cuando Beethoven y Goethe se toparon con el archiduque Rodolfo y la emperatriz, durante un paseo.

Según Bettina, al cruzarse con los príncipes imperiales, Beethoven, veinte años menor que el anciano Goethe, le susurró a éste al oído: siga caminando, tómeme del brazo, son ellos los que tienen que darnos el paso, no al revés. Pero el poeta, respetuosamente, se hizo a un lado y se quitó el sombrero. Beethoven, por el contrario, continuó su marcha impertérrito, sin contestar el saludo de la familia imperial. Al poco, se detuvo para esperar a Goethe. Cuando lo tuvo a su lado, le dijo: "Le he esperado porque le tengo gran respeto, y admiro su trabajo, pero me parece que muestra Ud. demasiada estimación por estas personas". Bettina no cuenta qué habría retrucado Goethe.

Johann Wolfgang von Goethe
(1749 - 1832)
Nada dijo en ese instante, suponemos, pero Goethe sí tenía una impresión del encuentro, no muy alentadora.
En carta posterior a su "asistente musical", Carl Zelter, describió a Beethoven como "una personalidad arisca y hostil que, aunque no se equivoca al decir que el mundo es detestable, no se esfuerza lo más mínimo por hacerlo más habitable o llevadero...".
Sin embargo, en carta dirigida a su esposa, por la misma época, expresa que el talento de Beethoven lo había impresionado, pues nunca antes había visto "a un artista más concentrado, más enérgico, y más profundo."


Obertura Egmont
A diferencia de otras oportunidades, el asistente musical Zelter no puso reparos cuando Goethe decidió enviar a Beethoven, en 1809, su tragedia "Egmont" para que el maestro de Bonn escribiera la música incidental. Beethoven vio en ella una oportunidad más de gloria y se aplicó con ahínco al trabajo. Finalizada la obra, Goethe quedó muy conforme y ahí mismo nació la idea del encuentro, ya narrado.

La obra de Goethe habla de la libertad. Y ello fue lo que entusiasmó a Beethoven, que ya había incursionado en el tema con su ópera Fidelio. La historia de Egmont (un personaje real) transcurre durante la persecución de la Inquisición española a los pueblos flamencos a mediados del siglo XVI. Egmont es un conde católico que finalmente resulta muerto aun cuando la rebelión termina exitosamente.

La primera representación del drama de Goethe con música de Beethoven tuvo lugar el 15 de junio de 1810. La obra completa está conformada por nueve escenas más la obertura, la que se inicia con humor sombrío en un tempo marcado sostenuto ma non troppo, representando la oscuridad y la opresión. El allegro subsiguiente trae a la mente la heroicidad de la lucha. Finalmente, la pieza concluye en un ánimo triunfante y celebratorio.

La versión es de la Filarmónica de Nueva York, conducida por Lorin Maazel.


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lunes, 28 de septiembre de 2015

Ligeti: Poema sinfónico para 100 metrónomos


El holandés Dietrich Nikolaus Winkel inventó el metrónomo en 1814 pero se olvidó de patentarlo. Su compatriota Johann Maelzel, más avispado, le copió algunas ideas y en 1816 patentó el aparato que desde entonces los músicos han utilizado para mantener un tempo regular, mientras practican. Ese mismo año, el sagaz emprendedor comenzó a fabricarlo con el nombre de "Metrónomo Maelzel".
Al poco tiempo, Beethoven se enteró de la existencia del nuevo artilugio y puso el grito en el cielo. Reclamó que para la nueva música, libre y sin ataduras, del romanticismo, el aparato era una aberración. Sin embargo, fue uno de los primeros en utilizarlo, y en publicar obras con indicación metronómica.

La ocurrencia de Ligeti
Ni Winkel, ni Maelzel, ni Beethoven imaginaron que ciento cincuenta años después, un compositor iba a utilizar el aparato como instrumento musical. Aunque no faltaban antecedentes: Ravel, por ejemplo, había utilizado tres metrónomos a diferentes velocidades, al inicio de su ópera La Hora Española. Pero usarlo como único instrumento encargado de la obra completa, solo se le ocurrió al compositor húngaro György Ligeti, quien en 1963 estrenó ante un público atónito la obra compuesta el año anterior, Poema Sinfónico para 100 metrónomos, 10 intérpretes, y un conductor, bajo la dirección del autor.

György Ligeti (1923 - 2006)
La recepción
La singular presentación tuvo lugar en Holanda, en una ceremonia muy circunspecta que daba por finalizado un ciclo de conciertos y conferencias sobre nueva música que se había desarrollado en la ciudad de Hilversum, en cuya municipalidad se escuchó por vez primera el poema sinfónico de Ligeti, ante los oídos estupefactos (si los oídos pudieran estarlo) de políticos y dignatarios locales. En su debido momento, se dispusieron los cien metrónomos, a las velocidades establecidas, los diez intérpretes los echaron a andar ante la precisa indicación de Ligeti, y luego, intérpretes y director abandonaron la escena, para regresar a recibir los aplausos, cerca de treinta minutos después. Naturalmente, los aplausos fueron escasos. Se había dispuesto que la ceremonia se televisara, y así se hizo, pero su emisión tuvo que cancelarse por disposición del Consejo Municipal.

El ritmo, fascinación de Ligeti
Celebrado como uno de los más grandes compositores de música contemporánea, György Ligeti mostró desde siempre una fascinación especial por la combinación de líneas musicales que descansaran sobre ritmos y tempi diferentes. Esta obra se asienta en esa línea, y los metrónomos –un "instrumento" arbitrario, pudo haber sido cualquier otro–, sirven a cabalidad ese propósito.
Aunque el concepto es raro, la obra no deja de presentar cierto interés desde el punto de vista rítmico. Al principio, es el caos absoluto, pero poco a poco van surgiendo (quizás al azar, pienso) patrones rítmicos distinguibles. Al ir "callando" algunos aparatos, el silencio comienza a disputar el protagonismo. Finalmente, solo queda un metrónomo "operativo". Después, solo el silencio.

La versión, reducida, desde luego, pertenece a "metronomistas" franceses.


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jueves, 17 de septiembre de 2015

Verdi: La Traviata - Obertura



Del epistolario de Giuseppe Verdi, quizá la carta más conocida sea aquella que envió a un amigo al día siguiente del estreno de La Traviata, el 6 de marzo de 1853, en la que se muestra sorprendido por la ingrata acogida, a la vez que confiado –tenía cuarenta años, era famoso y vivía cómodamente– en que el tiempo debía resolver las dudas: "La Traviata, anoche, un fracaso. ¿La falla será mía o de los cantantes? El tiempo lo dirá". El tiempo, efectivamente, dio su veredicto y le dio la razón a Verdi: durante todo el siglo veinte, la obra ha permanecido en los primeros lugares entre las óperas más representadas en el mundo entero.

Fanny Salvino-Donatelli,
la primera Violeta
El rechazo inicial
Cierto es que la prima donna escogida, mejor dicho, la prima donna que el Teatro La Fenice de Venecia impuso para el papel de Violeta, estaba algo excedida de peso para interpretar a una mujer joven que sufre de una enfermedad que la consume y debilita visiblemente. Como si fuera poco, la soprano de marras, Fanny Salvino-Donatelli, ya no era tan joven, frisaba los 38 años. Pero, al parecer, el rechazo del público no se dirigió exclusiva ni preferentemente a ella sino al tenor y al barítono sobre los que descansa el acto segundo (poco ensayo quizá), pues fue recién ahí cuando comenzaron las pifias y las risotadas.

En efecto, durante la obertura y todo el primer acto, el público escuchó respetuosamente, atento y con agrado. Y como en el Acto I la participación de Violeta es destacadísima, habrá de concluirse que la historia ha sido injusta con la excelente cantante que fue la soprano Salvino-Donatelli, aunque la oportunidad la haya sorprendido algo robusta y ya no fuera tan joven.

La obertura
Como se sabe, la obra está basada en una adaptación teatral de la novela de Alejandro Dumas hijo, La Dama de las Camelias.
En el preludio u obertura, Verdi hizo uso de los recursos narrativos de Dumas, al contar musicalmente la historia a partir del final, como Dumas lo hace en su novela. Así, la obertura se inicia con el tema de la agonía de Violeta, triste y melancólico que, sin embargo, da pie para enlazar, sorpresivamente, con el tema festivo y alegre que acompañará la fiesta que se celebra en casa de Violeta, jolgorio retratado en la imagen que encabeza este artículo.

La versión es de la orquesta alemana Saatskapelle Dresden, dirigida por el maestro Giuseppe Sinopoli.


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martes, 15 de septiembre de 2015

Tchaikovski: Concierto para piano No 2 - Andante



Bastante agrio había sido Nikolai Rubinstein cuando Piotr Ilich Tchaikovski le hizo escuchar su primer concierto para piano, en la Navidad de 1874. En la ocasión, el eximio pianista no escatimó denuestos para la obra aunque más tarde iba a convertirse en uno de sus más aplaudidos intérpretes. De modo que cuando recibió los primeros bosquejos de la segunda obra para piano y orquesta en la que Tchaikovski había decidido embarcarse seis años después, el maestro Rubinstein se comportó con suma cautela, pronunciando observaciones muy medidas y cuidadosas.

Y pese a que las relaciones estaban algo deterioradas, Tchaikovski pensó en dedicarle nuevamente a Rubinstein su segundo concierto, en reconocimiento a la popularidad que el primero estaba gozando gracias a las presentaciones que de él hacía el talentoso Rubinstein. Así se lo hizo saber a su protectora Nadezhda von Meck, agregando que pese a preocuparlo de algún modo la opinión de Rubinstein, esperaba, esta vez, simplemente, que el periodo de tiempo entre la primera impresión crítica del agudo intérprete y la interpretación del concierto, fuera más breve.

Pero no hubo tal tiempo. Rubinstein alcanzó a dar su opinión (cerrando sus impresiones con un respetuoso "pero quizás esté equivocado"), agradeció la dedicatoria, pero no pudo interpretar la obra, pues murió poco después, en marzo de 1881. En la búsqueda del adecuado intérprete ruso, el estreno hubo de realizarse en Nueva York, a cargo de una pianista norteamericana, en noviembre de ese mismo año. Cuatro meses después, tuvo lugar la premiere rusa, en marzo de 1882, con un ex discípulo de Tchaikovski al piano, y en la dirección, Anton Rubinstein, ex profesor de composición del maestro y hermano del celebrado pianista y dedicatario de la obra.

Concierto para piano y orquesta No 2 en Sol mayor, op 44 - Andante
La obra es inusualmente extensa, alrededor de tres cuartos de hora dura su performance completa. Inicialmente lo era más aún, y el propio Tchaikovski hubo de consentir en abreviarla antes de su publicación definitiva, en 1880.
La obra consta de tres movimientos, estructurados a la manera típica (movimientos rápido-lento-rápido).
Se presenta aquí el segundo, el movimiento lento, andante non troppo, una página plena de serenidad y belleza, en versión del notable pianista ruso Boris Berezovski, acompañado por la Ural Philarmonic Orchestra, dirigida por el maestro ruso Dmitri Liss.
El movimiento es iniciado por el cello, seguido por el violín. El piano hace su entrada recién en el minuto 3:20, con dramatismo comedido.


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miércoles, 12 de agosto de 2015

Meyerbeer/Lambert: "Los patinadores"



Durante la década de 1930, el compositor británico Constant Lambert se desempeñaba como director musical del Vic-Wells Ballet de Londres cuando se topó con un antiguo programa de un ballet de 1849 titulado Les Patineurs. De ahí surgió la idea de crear un nuevo ballet, donde los bailarines harían las veces de patinadores sobre hielo. Para ello tomó y arregló música de los números de danza de las óperas Le Prophete y L'Etoile du Nord del compositor alemán Giacomo Meyerbeer, quien fuera uno de los más celebrados compositores de ópera de la primera mitad del siglo XIX.

El ballet, en un solo acto y sin historia dramática que contar, representa una fiesta de patinaje victoriana que tiene lugar en un lago congelado en una noche de invierno. Su primera representación se realizó en Londres el 16 de febrero de 1937, con Margot Fonteyn como principal bailarina, quien mantenía un affaire "de idas y venidas" con el compositor Lambert, pese al nombre de pila de este último.

Giacomo Meyerbeer (1791 - 1864)
Desde esa fecha hasta hoy, el ballet ha gozado de un ininterrumpido y clamoroso éxito.
La música corresponde primordialmente a la ópera Le Prophete, cuyo tercer acto se inicia con una escena de ballet que representa a patinadores sobre hielo. La ópera de Meyerbeer, estrenada en París en abril de 1849, noventa años antes del ballet, también gozó de amplio éxito, que duró hasta las primeras décadas del siglo veinte cuando comenzaron a verse disminuidas sus representaciones. Su música, muy sencilla y hermosa, se mantiene viva, parte de ella al menos, gracias al ballet Les Patineurs.

Sus partes son:
00:00  Valse
01:36  Rédovva
08:50  Quadrille
13:28  Galop

La versión es de la Orquesta Filarmónica de la Radio NDR de Hannover, dirigida por Michail Jurowski.


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lunes, 10 de agosto de 2015

Jan K.J. Neruda: Concierto para trompeta y orquesta de cuerdas



Las fechas de nacimiento y muerte del hoy casi olvidado compositor checo Jan Krtitel Jiri Neruda (germanizados sus nombres como Johann Baptiste Georg), permanecen hasta ahora completamente inciertas. Se supone que nació alrededor de 1708 en Bohemia hoy parte de la República Checa y murió en Dresde por allá por 1780.
La familia Neruda, desde luego, cultivaba la música. Un hermano de Jan así como uno de sus hijos fueron músicos, aunque ninguna relación existe con el cellista de la era romántica Alois Neruda, y tampoco la hay con el poeta del s. XIX Jan Nepomuk Neruda, de quien Neftalí Reyes, poeta chileno, tomó su nombre para convertirse en Pablo Neruda.

Konzertmeister en Dresde
Jan Neruda estudió violín en Praga al tiempo que se desempeñaba como violinista en una orquesta de teatro, en la que permaneció hasta 1750 cuando entró a formar parte de la orquesta de la corte de Dresde, de la que llegó a ser su konzertmeister (algo así como su concertino, es decir, el primer violín). Fue un notable compositor oficial de la época, que junto a obras sacras, una ópera y diversas sonatas a trio, produjo 18 sinfonías y escribió 14 conciertos para diversos instrumentos, el más renombrado de ellos, el concierto para trompeta en mi bemol mayor.

Concierto para trompeta y orquesta de cuerdas en mi bemol mayor
La obra, una pequeña joya del barroco tardío, fue compuesta en algún momento del periodo que va entre 1740 y 1775. Fue escrita originalmente para el instrumento de la época conocido como "corno di caccia" (o en francés, trompe de chasse), usado ampliamente por Bach y Haendel, cuya boquilla era muy similar a la que hoy presenta la trompeta moderna, de ahí que la obra pueda ser interpretada en nuestros días sin mayor dificultad echando mano del instrumento moderno.

Movimientos
00       Allegro  Escrito en forma allegro de sonata, muy mozartiano según los estudiosos, lo que en principio parece raro pero no lo es tanto puesto que Mozart tenía casi 20 años para la época en que pudo Neruda haber terminado la obra.
06:37  Largo  También en la tonalidad de mi bemol, un encantador trozo al estilo de un aria da capo (forma A-B-A).
12:29  Vivace  Escrito en compás ternario, también en mi bemol (imagino que a raíz de las limitaciones del instrumento original), un fluido y potente trazo.

La versión es de la Orquesta Filarmónica de Goiás, Brasil, bajo la dirección de Eliseu Ferreira. Como solista, Heinz Schwebel.


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jueves, 30 de julio de 2015

Léo Delibes: Coppelia - Vals de Swanilde



El ballet Coppelia, del autor romántico francés Léo Delibes, fue la primera obra en la historia de este género musical que presentó en un escenario a una muñeca mecánica que cobra vida como parte de la trama. Es una obra ligera y divertida, pese a que su argumento se basa, aunque libremente, en un cuento más bien siniestro del compositor y escritor alemán E.T.A. Hoffmann, Der Sandmann (El hombre de arena), que cuenta la historia de un misterioso inventor, el Doctor Coppelius, quien ha logrado construir en su tétrico laboratorio una muñeca danzante de tamaño real, a la que bautizará como Coppelia. Tal es la ilusión de realidad que provoca la creación del científico, que logra cautivar a Frantz, un campesino, quien se enamora de ella abandonando a su novia y amada en el mundo real, la bella Swanilde.

Léo Delibes (1836 - 1891)
Léo Delibes
Para la época de su composición, Léo Delibes contaba con 32 años. Había estudiado en el Conservatorio de París, donde fue alumno de Adolphe Adams, autor de otro ballet famoso, el sin par Giselle. Luego de graduarse, ejerció como organista, director de coros y pianista acompañante, mientras incursionaba también en la composición de operetas, sin alcanzar en ello especial brillo. Su fama y reconocimiento llegarán en 1870, con el estreno de Coppelia en la Ópera de Paris, el 25 de mayo de ese año, el que consiguió un éxito rotundo.

Coppelia, y la guerra
El papel de Swanilde lo interpretó en aquella oportunidad una niña prodigio, Giuseppina Bozzacchi, de 16 años, cuya carrera como bailarina duró tan solo unos meses, pues murió de cólera al año siguiente a raíz de la epidemia desatada tras el cerco a París, en medio de la guerra franco-prusiana de 1870-71. La guerra también impidió un disfrute del éxito más prolongado, pues las presentaciones de la obra debieron interrumpirse. Pero luego de finalizada la confrontación, Coppelia se convirtió en uno de los ballets más interpretados y aplaudidos de aquellos años.

A la altura de Tchaikovski
Lo sigue siendo, hasta hoy. Según los entendidos, la música de Coppelia está a la altura de aquella de los ballets de Tchaikovski, por su alma, colorido, sensibilidad, y abundancia de matices. Coppelia es un ballet en tres actos, pero la historia propiamente dicha se desarrolla solo en el primero y segundo. Y tal como sucede con los finales de Cascanueces y La Bella Durmiente del compositor ruso, el tercero es un conjunto de divertimentos, destinados aquí en Coppelia a celebrar el feliz reencuentro de Swanilde y Frantz. Uno de los trozos más celebrados, es el conocido Vals de Swanilde.



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martes, 28 de julio de 2015

Mozart: Rondó en Re mayor



Entre los años 1786 y 1787 W.A. Mozart compuso tres rondós para piano. Escritos recién traspasada la barrera de los treinta años, corresponden sin embargo a un periodo creativo de madurez, pues solo eso puede decirse de un autor que murió a los treinta y cinco. Son obras simultáneas a la composición de dos de sus grandes éxitos en el género de la ópera: Las bodas de Fígaro, de 1786, y Don Giovanni, de 1787, que ciertamente le reportaron beneficios económicos, pero no los suficientes. La publicación de los rondós, obras breves para piano en las que se podrían aventurar sus alumnos, tenían también el propósito de recomponer las siempre alicaídas finanzas de Wolfgang Amadeus.

La forma Rondó
Mozart, en 1789
Desde el barroco hasta el clasicismo, la forma musical rondó (derivada del francés rondeau) mantuvo una presencia continua, formando parte de las suites barrocas primero, y luego en el clasicismo como último movimiento de la sonata clásica (el tercer movimiento de la sonata Patética de Beethoven es un claro ejemplo). Pero también fue trabajada por los compositores como pieza autónoma, como es el caso de la que nos ocupa. Su estructura se basa en la repetición de un tema principal que reaparece y alterna con otros subtemas, o variantes, y de ahí su nombre.

Rondó en re mayor, K. 485
Gracias al catálogo donde Mozart decidió ir registrando sus obras a partir de 1784, sabemos con certeza que el rondó en Re mayor, el primero de los tres mencionados, fue terminado el 10 de enero de 1786. Como era habitual en esos años Mozart tomó "prestada" la melodía principal de un colega, si no maestro, Johann Christian Bach, conocido en esos años y hoy como "el Bach de Londres", y a quien Mozart conoció y visitó en dos oportunidades cuando aún no cumplía los diez años. La melodía es alegre y elegante. Tras algunas modificaciones que le confieren otro espesor, reaparece por momentos en su forma original. Un típico y encantador rondó clásico. No podía ser menos si salió del magín de Mozart.

La versión es del maestro ruso Vladimir Horowitz, con ocasión de su visita a Moscú, el año 1986. El maestro tenía 83 años. (Al inicio, el maestro, o practica unos acordes para "calentar", o solicita a la audiencia que permanezca en silencio).


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lunes, 27 de julio de 2015

Wagner: Marcha Nupcial, de Lohengrin



Casi una década le tomó a Wagner la gestación de la ópera Lohengrin, su tercera obra maestra después de El Holandés Errante y Tannhäuser. Su primer encuentro con el mito medieval alemán había sido en 1841 pero le tomó cinco años imaginar cómo llevarlo a escena. Tras ello, dos años después, en 1848, terminó de componer la partitura.

Lohengrin
La historia transcurre en el siglo décimo y cuenta los avatares de Elsa, acusada injustamente de hacer desaparecer a su hermano, a la sazón un niño pero futuro duque. Un enigmático caballero llegará para protegerla y eventualmente tomarla en matrimonio, siempre y cuando nunca pregunte por su nombre. El personaje, naturalmente, es Lohengrin, quien como todo caballero del Santo Grial, debe permanecer en el anonimato mientras realiza sus buenas acciones. Lohengrin llega en una barca, remolcada por un cisne. En esa misma barca se irá cuando, Elsa, curiosa, pregunte por su nombre, acabando así con el encantamiento.


Richard Wagner (1813 - 1883)
El autor al exilio
Wagner tenía 35 años cuando terminó la obra. Desde hacía algún tiempo había comenzado a abrazar posiciones políticas cercanas a la izquierda y un poco más, llegando hasta invitar a su casa al reconocido anarquista ruso Mijail Bakunin. Las cosas no anduvieron bien, sobre todo después de la sublevación conocida como la insurrección de Dresde en 1849, y a consecuencia de ello, Wagner tuvo que salir al exilio. Antes de abandonar Dresde, solicitó a su amigo Franz Liszt (cuya hija Cósima casará más tarde con Richard, 24 años mayor) velar porque Lohengrin fuera representada en su ausencia. Así lo hizo Liszt, dirigiendo el estreno de la obra en Weimar, en agosto de 1850.

Preludio al Acto III - Marcha Nupcial
La ópera, de carácter romántico y la más cercana a la "ópera italiana" del autor, con guión en alemán del propio Wagner –como todas sus obras maestras–, está estructurada en tres actos completando ni más ni menos que cuatro horas de duración. La famosísima marcha nupcial, interpretada en cuanta boda se realiza en el mundo occidental, también llamada Coro Nupcial y conocida en el mundo de habla inglesa con el coloquial título de Aquí viene la novia, marca el inicio del Tercer Acto, cuando Elsa y su caballero anónimo, llamados por el coro, entran a la cámara nupcial.

La versión es de la Orquesta Filarmónica Nacional Húngara y Coros, conducidos por Janos Kovacs, en el Palacio de las Artes de Budapest.


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domingo, 12 de julio de 2015

Haendel: "Música acuática" - Suite No 2



El sencillo pero exclusivo pasatiempo de navegar por un río escuchando música no era original de la corte de Londres (la corte francesa, más fastuosa, llevaba años practicándolo) pero la idea de disfrutar de conciertos al aire libre, en los jardines o a las orillas de un río, ya había adquirido gran relieve en la alta sociedad londinense de principios del siglo XVIII.

Surcando el Támesis
En 1717, el antiguo patrón de Georg F. Haendel en la corte de Hanover convertido ahora por obra y gracia de la historia en el rey Jorge I de Inglaterra se inscribió prontamente en la tradición. Con un paseo fluvial en perspectiva para el 17 de julio de ese año, encargó al que una vez fue su protegido y que ahora destacaba en Londres como célebre compositor, un conjunto de nuevas composiciones para deleite de él y su corte mientras surcaban el Támesis.

Water Music
Pese a que el encargo le venía de perillas a Haendel para congraciarse con su antiguo protector (a quien había servido tarde, mal y nunca en Hanover debido a su compulsión por conocer el mundo), el autor no hizo sino echar mano de algunas suites orquestales compuestas con anterioridad para completar la obra que tomó por título Water Music (traducido por lo general como Música Acuática), conformada por tres suites de movimientos alternados, lentos y vivaces, escrita la primera de ellas en fa mayor, la segunda en re y la tercera en sol.

Georg Friedrich Haendel (1685 -  1759)
El trayecto
La jornada fluvial y musical se realizó efectivamente aquel día de julio de 1717. El rey y su corte se desplazaron en una embarcación y Haendel y 50 músicos en otra, acompañando el trayecto. Lo que no está claro es que aquella tarde se hayan escuchado las suites que conforman lo que hoy conocemos como Música Acuática. En la ocasión Haendel interpretó música propia, claro está, pero no necesariamente la que nos ocupa, según todas las fuentes.
Lo que no se refuta es que aquel día fue miércoles, que la travesía los llevó desde Whitehall hasta Chelsea, ida y regreso, y que los músicos tocaron desde las 8 de la noche hasta las 12, con un pequeño descanso, aprovechando que Jorge bajó a tierra en Chelsea, según informó el periódico londinense de la época Daily Courant.

El conjunto de piezas orquestales sólo se publicó quince años más tarde, en 1732. Debido a ello, la secuencia original de sus movimientos se fue desdibujando, y las versiones hoy disponibles incorporan estos a las suites en orden y número diverso.

Se presenta aquí la Suite No 2 en Re mayor, de menos de diez minutos de duración, en versión de la orquesta de instrumentos de la época Le Concert Spirituel, dirigida por Hervé Niquet.

Sus partes, en esta oportunidad, son:
00     Overture (Allegro)
2:02  Alla Hornpipe (el trozo más conocido)
5:02  Minuet
6:41  Lentement
8:11  Bourrée



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viernes, 10 de julio de 2015

Brahms: Rapsodia Opus 79 N° 2


En asuntos amorosos, no todo fue Clara para Johannes Brahms...

Ágata
Cuando contaba 25 años (hacía dos que había muerto Schumann y Clara estaba sola y había que apoyarla) se sintió atraído por la hermosa voz de una cantante, Ágata von Siebold. Escribió para ella algunas canciones, comenzaron a verse con frecuencia y los amigos de ambos pronosticaban ya un pronto noviazgo cuando la relación desembocó en un imprevisto enfriamiento.

Julie
Treinta años después, su asidua presencia en casa de Clara Schumann lo llevó de manera natural a fijar sus ojos en una hija de ésta, Julie, lo que molestó a Clara. Pero Julie casó con otro y Brahms no halló nada mejor que escribirle una canción de bodas, lo que volvió a molestar a Clara.

Elisabeth
Algo más maduro, en 1863, el compositor de cuarenta años conoció en Viena a una chica que deseaba tomar clases con él. Elisabeth Stockhausen se llamaba y era tal su perturbadora belleza que Brahms no podía enhebrar una sencilla frase en su presencia. Menos podía hacerle clases. De modo que la derivó a un colega, Julius Epstein, que según se cuenta sufrió los mismos inconvenientes.
Diez años más tarde Elisabeth había casado, precisamente con un compositor, se llamaba ahora Elisabeth von Herzogenberg, y estaba convertida en una notable pianista y compositora.

Johannes Brahms, en 1879
Rapsodias opus 79
A ella enviará Brahms un par de breves obras para piano compuestas durante una estadía en Pörtschach, en el verano de 1879. No bien las terminó, envió el manuscrito a Elisabeth, quien en animosa carta a vuelta de correo recomendaba un nuevo y más justo título para ellas: Rapsodias debían llamarse y no simplemente Klavierstücke (piezas para piano) como las había titulado Brahms.
Si difícil era hablar con Elisabeth, más lo era contradecirla, de modo que pese a no estar plenamente convencido del cambio el autor no desoyó su consejo, y así fueron publicadas al año siguiente: Dos Rapsodias para piano, opus 79, dedicadas, como podía preverse, a Elisabeth von Herzogenberg.

Rapsodia No 2
Ambas piezas, de un solo movimiento, están estructuradas a modo de mini-sonata. Se presenta aquí la Rapsodia No 2, en sol menor, marcada Molto passionato, ma non troppo allegro, la preferida de Elisabeth, según ella misma le contó a Brahms.
La versión es de la pianista alemana Ragna Schirmer.


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